Duchamp había hecho una elección. Las elecciones que constituían la base de su obra se reflejaban en las negaciones de su vida privada. Había una cierta sangre fría en esas negaciones que llevaban consigo una cierta carencia de vida.
Somos, en fin, otra franquicia llamada Arte Contemporáneo, desde la cual validamos las prácticas del capitalismo más salvaje mientras nos permitimos sublimar las teorías del socialismo más cándido.