Hace años los nombraron Comunidad, una palabra como una catedral, como un título nobiliario. Pero más que una palabra, era una condicionante que rompía la lógica funcional de un llega-y-pon: desde ese momento no podían permitir que nadie más se instalara en Los Mangos, o en sus predios. Si aspiraban a ser ciudadanos legales tenían que decir no a las aspiraciones de otros, que fueron antes las de ellos. El precio de vivir, sentirse Comunidad, era el de renegar lo que fueron, y truncar sueños.
Puede que a los Neuróticos Anónimos les importara menos la “técnica”, pero aun así contaban sus historias de vida de perros con la suficiente pericia como para obtener una reacción positiva de su público. Mucha de aquella gente llevaba tantos años hablando en reuniones que al escucharlos uno oía soliloquios geniales. Actores brillantes que se interpretaban a sí mismos. Monólogos que daban fe de su instinto para revelar lentamente la información clave, para crear tensión, establecer desenlaces y captar por completo al oyente.
Paradójicamente, para eliminar el juego fue cerrado el Hipódromo más importante de América Latina, y en el Barrio de Los Quemados, donde estaba enclavado, el juego, precisamente, no ha desaparecido.
No es un campeón del exilio. No es un reivindicado del quinquenio gris. No es un funcionario del sistema. No se volvió cínico, o ríspido, o sarcástico, o cauteloso, o violento, y menos aún se plegó. Por alguna inexplicable razón, le sigue importando menos su suerte personal que la muerte de su país.
El barrio desearía que sucediera al revés. La tierra erial tachando río, proveyendo terreno donde levantar más chozas. El Almendares es marca registrada de la inmundicia de La Habana, ya desde hace años lo sabemos. Lo que ignorábamos, entre otras cosas, es que a unos metros de la orilla una muchacha arroja una manta al suelo y se deja caer para sestear, y que El Fanguito tiene un Comité de Defensa de la Revolución. La monumental organización de masas del país es tan masiva que está, inclusive, donde se prohíbe estar.
El campo cultural cubano no solo es un campo en tensión, como tantas veces le escuchamos decir a Pierre Bourdieu, sino algo resbaladizo y tentacular y con una cantidad considerable de arrastres de pies, personajes anónimos y porn stars.
El consenso entre los referentes del periodismo de reputación es sólido: una fuente confidencial no convierte un rumor en información publicable. Un medio solvente no disemina un rumor citando como única fuente a otro medio que lo difundió primero.
En 'La oveja blanca', un matrimonio se ama y se quiebra en un presente hecho de un amor nacido en los ochenta en La Habana, con sus esperanzas y sus incertidumbres; del deterioro de un sueño, del destierro, de un nuevo sueño de libertad en Estados Unidos, de la fragilidad del porvenir. Atados a una gran tristeza y a una gran alegría.