Mi nombre es Jorge J. Pérez. Nací hace 29 años en el corazón del Cerro, en La Habana. Mi obsesión es robarle historias al tiempo, eso soy. Más que un fotógrafo, soy un ladrón de recuerdos, de memorias, de historias que pretendo capturar con cada imagen.
Hace años los nombraron Comunidad, una palabra como una catedral, como un título nobiliario. Pero más que una palabra, era una condicionante que rompía la lógica funcional de un llega-y-pon: desde ese momento no podían permitir que nadie más se instalara en Los Mangos, o en sus predios. Si aspiraban a ser ciudadanos legales tenían que decir no a las aspiraciones de otros, que fueron antes las de ellos. El precio de vivir, sentirse Comunidad, era el de renegar lo que fueron, y truncar sueños.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.