Carlos Manuel Álvarez

Bebedor de absenta. Grafitero del Word. Nada encuentra más exquisito que los manjares de la carestía: los caramelos de la bodega, los espaguetis recalentados, la pizza de cinco pesos. Leyó un Hamlet apócrifo más impactante que el original de Shakeaspeare, con frases como esta, que repite como un mantra: «la hora de la sangre ha de llegar, o yo no valgo nada». Cree solo en dos cosas: la audacia de los primeros bates y la soledad del center field.

El hombre que dibuja a Donald Trump

La obra de Edel Rodríguez, la cual comprende una vasta iconografía que va desde el Che Guevara con audífonos de iPhone hasta Mao Zedong o Muamar el Gadafi derritiéndose tras su muerte, ha sido expuesta en ciudades como Los Ángeles, Nueva York, Filadelfia, Dallas, Toronto o Madrid, y sus pinturas son habituales en las portadas de medios como TIME, Newsweek, The New Yorker o The New York Times.

Propiedad de todos, socialismo de nadie

Entre los nuevos símbolos de la Cuba poscastrista, cuyo eje rector lo compone una casta tecnócrata de militares reconvertidos en empresarios al mando de sucursales anónimas, destaca el Gran Hotel Manzana Kempinski.

El hijo de Fidel Castro salta al vacío

Arrastraba una profunda depresión, nos dice la prensa oficial, en un país donde los medios nunca dicen nada y donde tampoco está permitido sentir otra cosa que no sea un furioso optimismo por el porvenir.

El (otro) rostro de Muhammad Ali

Igual que tantos también creo, aún sin haberlo visto en directo más que como un señor esmirriado ya consumido por el Parkinson, que Muhammad Ali fue la figura más grande del deporte en el siglo XX.

El racismo de Yulieski Gurriel

El racismo de Gurriel es el mío, y el de nosotros, y llegado cierto punto uno debiera, ciertamente, aplicar un ejercicio de conciencia sobre todas esas cosas que has dicho o has hecho pensando que eran correctas, creyendo que no segregaban o disminuían a nadie, y de qué manera específica lo hacen, en qué país y en qué escenario.

Noche en San Marcos

México es uno de los pueblos más fascinantes que cualquiera haya conocido, quizá justamente por la relación inaudita que tienen con la muerte.

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