Bebedor de absenta. Grafitero del Word. Nada encuentra más exquisito que los manjares de la carestía: los caramelos de la bodega, los espaguetis recalentados, la pizza de cinco pesos. Leyó un Hamlet apócrifo más impactante que el original de Shakeaspeare, con frases como esta, que repite como un mantra: «la hora de la sangre ha de llegar, o yo no valgo nada». Cree solo en dos cosas: la audacia de los primeros bates y la soledad del center field.
Demostrada, hasta hoy, nuestra ineptitud como pueblo, la única buena noticia que nos llega es que la injerencia extranjera y el estalinismo se auxilian más que nunca.
–Me fui por ambición deportiva. Quería probarme en el mejor béisbol, hacer carrera, intentarlo. Tiene su precio, claro, pero yo quería probarme –sentencia Contreras.
Que los medios del estado sean pura propaganda no garantiza la inmunidad del resto. Los fundamentos del oficio están por encima de nuestras filias. Tan nefasto como que no sepamos escribir periodismo, es que no lo sepamos leer.
Pestano fue un atleta tan excepcional como soberbio, alguien que, por ejemplo, nunca reconoció tener más ídolos o referentes en la receptoría que él mismo, y que pertenece a esa clase de jugadores que también ambicionan algún tipo de poder o influencia pública fuera de los terrenos.
En la tarde noche del 29 de diciembre, después de tres días de reuniones, gestiones y un total de ocho horas en la oficina de Rubén del Valle, Tania siente temor por primera vez. Sale a caminar por La Habana, un tanto desconcertada. El performance se ha anunciado para el día 30 a las tres de la tarde, pero ya algunos amigos le han advertido que no la dejarán llegar.
Hacer propuestas cuyos requerimientos materiales son inespecíficos es dar margen a que el castrismo las aplique con lo que tiene y actúe como reformador; es ser el asesor técnico en la sombra.