Los niños, el rostro más triste del apagón en Cuba

Niños durmiendo en el suelo, llorando, madres que sustituyen ventiladores por cartones, niños que no van a la escuela y que están todo el día en la calle. Ese es el rostro más joven y triste del apagón en Cuba.

«El mismo calor los ha llenado de sarpullidos», cuenta a El Estornudo desde Cuba Renato M. García, padre de tres niños. «Cada dos segundos están llorando de la misma incomodidad. Esas son escenas que yo vivo a diario con mis bebés, a pesar de haber tomado medidas como comprar ventiladores recargables.

«Ahorré un poquito y le compré 10 libras de carne de res a los niños. Fueron 15.000 pesos, que eso en un salario del estado son cinco meses de trabajo. Y se echaron a perder. Nada más pude hacerle una comida con esa carnita», lamenta García.

Desde hace años el país lidia con una crisis de apagones que se agravó cuando a inicios de año la administración de Donald Trump decretó un bloqueo de combustible a la isla. No se trata sólo de no poder encender los ventiladores o tomar agua fría: la crisis ya va cobrando un saldo emocional, sobre todo en los niños.

La psicóloga cubana Yanis Sosa Castro explica a la revista que el cerebro de los niños se desarrolla mejor cuando saben qué va suceder. «De momento no pueden hacer las tareas porque no hay luz. Les cuesta dormir porque hace calor. Cambian los horarios de las comidas. Dejan de jugar como lo hacían antes. Y además, perciben el estrés de los adultos». 

Más crítica es la situación cuando los niños sufren alguna discapacidad. Casos expuestos por activistas en redes sociales evidencian una carga más pesada para esas familias. Criar a un menor en un país a oscuras y con una deficiente atención sanitaria, muchas veces solo se alivia por el apoyo de la sociedad civil independiente. Para Sosa Castro hay que intentar establecer momentos de conexión entre los adultos y los niños. «Tiene un enorme efecto protector sobre la salud infantil…porque el adulto los protege, los escucha y los hace sentir seguros».

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