Malecón de La Habana. El gran sofá

Es 1991, y el fotógrafo español Juan Manuel Díaz Burgos se hospeda en el hotel Deauville de Centro Habana, a unos pocos metros del Malecón. Son los años –Período Especial– en que el Malecón como refugio alcanza su definición mejor. Sexo, amor, alcohol y brisa para olvidar el terrible manto de pobreza que se cierne sobre la ciudad. Este escenario, deja en Burgos una huella, quien promete regresar.

Malecón de La Habana. El gran sofá. Juan Manuel Diaz Burgos.
Malecón de La Habana. El gran sofá. Juan Manuel Diaz Burgos.

Cuatro año después, en 1995, Burgos comienza su serie El Malecón de La Habana, el gran sofá, tomándole el pulso a la ciudad desde uno de los mejores escenarios posibles. Korda funge anfitrión y Burgos logra ser uno más. Sus fotografías llenas de planos nos sitúan dentro, nos acercan. Burgos parece, sobre todo, formar parte de la vida de los sujetos que retrata.

 

  • Malecón de La Habana. El gran sofá. Juan Manuel Diaz Burgos.

Newsletter

Recibe en tu correo nuestro boletín quincenal.

Te puede interesar

El abrazo y la furia

Estaba emocionada, el abrazo fue como un imán. Imprevisible....

La religiosidad del lenguaje revolucionario

Durante muchos años, el periodista y profesor de religiones...

La Copa, pibe. La Copa

Argentina perdió la final del Mundial de Futbol 2026. En el Obelisco, entre abrazos, lágrimas y canciones, miles de argentinos demostraron que el fútbol nunca fue solamente eso... fútbol.

El país de los noventa minutos

El gol decisivo en la prórroga lo marca Ferrán Torres, futbolista valenciano del Barcelona. La asistencia llega de un jugador del Athletic Club, Nico Williams, hijo de inmigrantes ghaneses. Durante años se ha repetido que España es un país difícil de coser. Esta noche han bastado un pase y un remate.

Luis Manuel Otero, el último farsante

Inmediatamente, la policía del lenguaje ha protestado porque Luis Manuel Otero no ha replicado ningún lema de obediencia ni se ha comportado como un pionero. Estos oficiales tienen delante de sí el testimonio vivo de alguien que venció al castrismo, pero lo que necesitan es que el castrismo no deje de triunfar.

Apoya nuestro trabajo

El Estornudo es una revista digital independiente realizada desde Cuba y desde fuera de Cuba. Y es, además, una asociación civil no lucrativa cuyo fin es narrar y pensar —desde los más altos estándares profesionales y una completa independencia intelectual— la realidad de la isla y el hemisferio. Nuestro staff está empeñado en entregar cada día las mejores piezas textuales, fotográficas y audiovisuales, y en establecer un diálogo amplio y complejo con el acontecer. El acceso a todos nuestros contenidos es abierto y gratuito. Agradecemos cualquier forma de apoyo desinteresado a nuestro crecimiento presente y futuro.
Puedes contribuir a la revista aquí.
Si tienes críticas y/o sugerencias, escríbenos al correo: revistaelestornudo@gmail.com

El Estornudo
El Estornudo
Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

Artículos relacionados

La Copa, pibe. La Copa

Argentina perdió la final del Mundial de Futbol 2026. En el Obelisco, entre abrazos, lágrimas y canciones, miles de argentinos demostraron que el fútbol nunca fue solamente eso... fútbol.

Antes del amanecer

La miseria, la ruina y el miedo dan forma a la cotidianidad en una isla que alguna vez fue llamada «la Perla del Caribe».

Relatos cortos donde el Caribe late (II)

Sí: palabras e imágenes errantes del Caribe colombiano que repararon mi latir estropeado en algún viaje. 

El Indio que hizo bailar a los filósofos y llorar a los ladrones

En un mundo cada vez más individualista, todos son bienvenidos en los conciertos del Indio. Una Argentina que lo dice en su propia Constitución, aunque ahora parezca que nos estamos olvidando de eso: “para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”».

3 COMENTARIOS

  1. En la Isla se transgrede el margen entre lo público y lo privado. Es el olor a café, el retumbar del dominó, el mojarse con un despiadado hilo agua de un balcón, el alcohol entre los socios de la esquina… Increíblemente existe ese lugar en el mapa (para unos exótico, para otros entrañable) donde no queda otra que «aclimatarse a los ruidos exultantes de una ciudad que se levanta sobre la más desembozada algarabía». Parafraseando a Padura.
    Esa necesidad de hacer la calle nuestra, íntima es ya hoy algo cultural. Dicen que en los tiempos de Tacón ya se utilizaba el paseo de Isabel II para que las señoritas enseñaran sus mejores trajes. La calle no tardó mucho en crecer, unos cuantos decenios después, «la engañadora» le paralizó el aire a muchos con sus almohaditas. Y esas calles también tuvieron un aparente límite. Largo pedazo de cemento, frontera espiritual. Entonces, alguna vez pienso que ese margen entre lo público y lo privado nunca existió. Es una manera de ser en el subconsciente colectivo.
    Esas mismas calles, hoy se vuelven más difíciles, pero siempre se oye a alguien tarareando una canción.
    Pocas veces asisto a una poética tan sincera desde una mirada foránea. Son instantes donde luces y sombras tejen un muro desnudo. Evocan la nostalgia del encuentro, de un mar que nos maldice y a la vez nos regala la fe. Hay un punto en esta serie, donde la cámara no pide permiso y el sujeto tampoco la frena, hace como si nunca la hubiera visto. Esos son los protagonistas de Juan Manuel Díaz Burgos. «El gran sofá» es un hermoso pretexto para sentir los sonidos de una ciudad que encuentra sosiego en ese refugio. Porque el malecón es eso, metamorfosis de una historia y de su gente.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí