Israel Rojas, Beso de la Patria

    Israel Rojas —cantante de Buena Fe, ese sindicato con guitarras— ha declarado en una entrevista replicada por Cubadebate que El Estornudo es un medio mentiroso, tan mentiroso. Nunca hemos dicho que Israel es artista, no sé por qué nos acusa de engañar. En realidad, no se sabe bien si los muy mentirosos somos nosotros, o es solo Cubacute a secas, una página que Israel regaña por dedicarse «al chisme y la bobería».

    Hace diez años Israel me contactó para que escribiera la contratapa de un disco suyo llamado Dial. ¿Ese disco salió? No lo sé, espero que no. Los cubanos han acumulado tantos disgustos en los últimos tiempos que recetarles también aquella música que yo tuve que escuchar a mis 22, y de la que no me he recuperado aún, parecería más bien ensañamiento. No escribí nada, por supuesto, para no engañar. Lo que quería decir, que era poner en letra capital: «No se lleve esta mierda, con ese dinero compre champú», no me lo iban a permitir.

    Israel le ha hecho canciones, que yo recuerde, a cosas tan extrañas como el espermatozoide, Radio Reloj, la FEU, la zanja que pasa por el frente de su casa. Es un catálogo de Ikea recitado en villancicos comunistas, música de carrito de helado ideológico, propaganda con sabor a mantecado. Pásale la lengua al poder, babéalo, que se derrita y te embarre la cara de vocero feliz. Ha declarado también que es fidelista y no tiene miedo decirlo. Bueno, pero si vive en Cuba, ¿qué miedo va a tener? ¡Habráse visto cosa igual! Un día, cuando organicen la gira de los músicos principales de los regímenes internacionales, va a llegar a Arabia Saudita a abrirle el concierto a Los Ablacionistas de Riad y decir: «Disculpen. Tengo miedo contarles, pero me gusta Alá». Luego, descuidado, se presentará: «Yo soy Israel», y lo van a linchar.

    En otra ocasión sugirió que los médicos de la isla que escaparon de las misiones oficiales en países extranjeros le pagaran al gobierno el costo de sus estudios universitarios para que se les permitiera regresar al país antes de los ochos años de sanción estipulada. Eso es lo que da convertir en cantante a un alumno de matutino. Son respuestas de remedial, gente que a lo sumo sacaba MB pero que se comía un organopónico de marcha atrás y borraba de la libreta con el dedo ensalivado. Declamaban poemas del Cucalambé, izaban la bandera, hacían el ballestrinque en la pata suelta de una silla con comején y, si venía un metodólogo de la provincia, cantaban un tema de Osvaldo Rodríguez y los 5U4: «La patria era saber que el pan lo hacen / en la noche unos trabajadores».

    Israel Rojas es un pionero moncadista. Parece que siempre está buscando complacer a alguna auxiliar pedagógica. Si lo miras bien, todo lo que dice lo dice alguien con pañoleta azul. Lleva un distintivo en el hombro, y tiene la pinta del niño que mandaban al frente para que apuntara en la pizarra a los que se portaban mal, o de los que traían el short de nailon por debajo del uniforme para no tener que cambiarse antes del turno de Educación Física. La punta de esa pañoleta Israel siempre la lleva metida en la boca, mascando patria toda la clase.

    A él le debemos, en cambio, la confesión más desgarradoramente honesta de cuanta haya hecho un artista local: «Le tengo terror a la poesía», dijo una vez al periódico Vanguardia. Ese pánico desborda sus canciones, ni falta hace que lo admita. Cuando niño, alguien le debió susurrar: «Israel, si no te portas bien, la poesía te va a llevar». Lo suyo es el pleonasmo y la verborrea. No seré yo quien se someta hoy al calvario de revisar una letra suya, pero sus textos suenan como bandejas de comedor de beca cuando las chocan unas con otras para quitarles el chícharo pegado. Es un boniatillo semántico, algo que escuchas y se te queda pegado al cielo de la boca.

    Aun así, malos artistas es lo que sobra en Cuba. Eso no parece hacer daño a nadie. El tema es que Israel trata todo como mismo trata a las canciones, y lo que es mediocridad se vuelve cinismo. Hay un punto en que la estética ridícula de Secretario del Partido se convierte en maldad. El castrismo ha tenido siempre el cantautor que se merece. Para su etapa decrépita, una banda decrépita, que ha sabido como nadie mezclar a Ricardo Arjona con Sara González y encuentra en Marino Murillo a su guía espiritual. Letras obesas, enfundadas en guayaberas, cantadas en asambleas. No importa si Israel se presenta en un teatro o en una plaza pública, tiene la virtud de transformarlo todo en un cónclave de rendición de cuentas.

    Recuerdo que una noche, en la beca de F y 3ra, alguien escuchaba a Buena Fe y una amiga muy inteligente se jalaba los pelos y decía: «¡Pero no se dan cuenta de que esa palabra está puesta ahí para que pegue!». Por ejemplo: «Diserto de versos de Alberti o de Pablo/ la muy condenada no entiende lo que hablo». ¿Quién carajos es Pablo? ¿Neruda, Milanés, de la Torriente Brau, de Tarso, un vecino suyo, un carnicero de Pogolotti?

    Podía haberlo dicho más preciso. Aquí, incluso para seguir con el machismo rampante de esa composición llamada «Nalgas», donde se dice que la mujer es proporcionalmente idiota al tamaño de su culo, le propongo otras salidas más elegantes. Esta: «Diserto de versos de Alberti o de Neruda, la muy condenada es bruta sin duda». O bien: «Diserto de versos de Alberti o Milanés/ si la pongo en cuatro me dice que en tres». O quizá: «Diserto de versos de Alberti o de Brau/ si le digo ladra, me dice miau». Y la última: «Diserto de versos de Alberti o de Tarso/ por ti en el fuego camino descalzo».

    No importa que la última rima no sea consonante. Eso, con el ruido que hace su banda, nadie lo va a notar. Para que entendamos las aguas en que nos estamos moviendo, basta apuntar que el periodista que entrevista a Israel le ha preguntado si lo que ellos hacen es rock progresivo. ¿Dónde está Teresa? Quiero una conga que diga: «Ay, Mamá Inés, ay, Mamá Inés, todos los cheos escuchan Buena Fe».

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    Carlos Manuel Álvarez
    Carlos Manuel Álvarez
    Bebedor de absenta. Grafitero del Word. Nada encuentra más exquisito que los manjares de la carestía: los caramelos de la bodega, los espaguetis recalentados, la pizza de cinco pesos. Leyó un Hamlet apócrifo más impactante que el original de Shakeaspeare, con frases como esta, que repite como un mantra: «la hora de la sangre ha de llegar, o yo no valgo nada». Cree solo en dos cosas: la audacia de los primeros bates y la soledad del center field.
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    17 COMENTARIOS

      • ¡Cuánto resentimiento y cuánta bajeza la de este autor con ínfulas de intelectual y clasifica , no más, como «trabajador orgánico» de Otaola!
        ¡Qué encargo tan mal cumplido!
        Le dijeron con altura y entendió de sepultura…

    1. no soy fan de tu ética pero a veces, como hoy, disfruto de tu estética, me provocaste una risa victoriosa, como si tuviera a Israel al frente y le dijera «coge Bulto!»

    2. La mejor parte:

      “Letras obesas, enfundadas en guayaberas, cantadas en asambleas. No importa si Israel se presenta en un teatro o en una plaza pública, tiene la virtud de transformarlo todo en un cónclave de rendición de cuentas.”

    3. Madre mía …como hay gente aquí que admira a Israel, pero que como no se pliega a la jauría pues lo atacan. Pero na es que lo adoran.
      Es uno de los mejores músicos de Cuba. !!! Somos miles los que lo admiramos.

    4. A mi particularmente me gusta Buena Fe creó que tiene muy buenas canciones, por supuesto no todas son iguales de buenas (que compositor puede hacerlo) pero creó que, por ejemplo, Despedidas con Pablo Milanés es una joya. Se puede estar de acuerdo o no con sus opiniones políticas pero no creó que hoy día haya agrupación en Cuba que se pueda comparar a Buena Fe. Carlos Manuel no entendió el chiste por eso se ríe de la apariencia del que lo contó.

    5. Hay días que me resisto a leer tu muro porque pienso que me voy a encontrar
      con tu faceta progre, pero otros como este, debo de aceptar que eres de lo mejor que se puede leer en la literatura contemporánea.. y me he despingao de la risa

    6. Francamente, para Israel hubiera sido preferible mil veces que Carlos se apareciera en su casa con un palo que recibir la devastación de su prosa. 😀 😀

      La inusual cantidad de clarias defendiendo al Monigote y el calibre de sus ofensas, todas hacia la persona del autor, son indicios de que acertó justo en la diana. Y de eso se trata; no importa si a alguien le gusta su música, que cada cual tiene sus gustos, pero a lo escrito por él allá arriba no se le puede mover ni una coma.

    7. Nunca he escuchado a Buena Fe. Tampoco conozco a Israel. Cuando lo saca Cubadebate, no me tomo el trabajo de leerlo. Pero despues de saber que se come una combinada cañera de marcha atras, menos deseos me entran de prestarle atencion.

    8. Israel es un cara de papa y su repertorio es picadillo de soya. No le va al directo. Es más pendejo que un conejo. Si le ofreces un millón de dólares el comunismo se le va para el culo

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