Si tuviera que hacer reclamaciones, sería la brevedad de un relato que no cede a la conveniencia de la Historia, ni de Mike Porcel, ni del gobierno cubano.
No hay que descartar, tampoco, el humor lezamiano, capaz de transfigurar sus cotidianos periplos y conversaciones habaneras en crípticos versos fundadores, sublimando y, al mismo tiempo, riéndose de ello.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.