La oposición cubana haría bien en conservar la relativa independencia de Estados Unidos que Obama, benévolamente, les regaló, o si se quiere, les forzó a aceptar, y mantener la distancia con un gobierno que en solo dos semanas ya ha colocado a su país al borde de una perniciosa crisis política y casi constitucional.
Hoy, 20 de enero, el 45to Presidente de los Estados Unidos toma posesión en la Oficina Oval. Comienza un reality que el mundo seguirá con los pelos de punta y que durará, mínimo, cuatro años.
Lo conseguido por los dos países es un viejo anhelo del gobierno cubano, el establishment de la isla lo vitorea, pero en las calles, muchos no saben si alegrarse o llorar.
Al desembarco de Colón, en la isla habitaban entre 90 mil y 700 mil aborígenes, dependiendo del autor consultado. Hoy en los campos orientales permanecen algunos pocos millares reunidos sobre todo en la herradura formada por los montañosos municipios guantanameros de Manuel Tames, Yateras y Baracoa.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.