La ruda constatación de que el gobierno cubano no es reformable podría causar que algunos de esos que llaman “centristas” se desesperen, y decidan, tristemente, dedicar su tiempo a refinar su estilo literario y escribir novelas en vez de constituciones.
Quitar los muebles de una casa es como descarnarla, queda un agujero de significados. Debajo de la insensibilidad de los muebles, el arraigo es poderoso y no se supera de pronto.
Si algo dejan los ciclones, luego de los días, es una normalidad que asusta. Como que sea normal, por ejemplo, que a alguien se le caiga un día la casa.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.