Cualquiera que sea el resultado electoral el próximo 5 de noviembre, algo está claro: Donald Trump no aceptará una derrota. Lo que pase después podría poner a prueba la democracia norteamericana aún más que la fallida rebelión del 6 de enero del 2021 mediante la cual intentó perpetuarse en el poder.
El analista Harry Enten, de CNN, acaba de demostrar, basado en encuestas, que los votantes indecisos en este ciclo solo representan un cuatro por ciento del electorado, menos que en cualquier otro momento de la historia. El porqué es claro: Donald Trump.
Como un pugilista que ha estudiado bien las tácticas y las debilidades de su rival, Harris ejecutó su plan a la perfección: sacar de quicio al expresidente provocándolo con temas que afectan su frágil ego a fin de empujarlo a la irritación y la rabia.
El Foro Penal Venezolano pudo verificar, entre el 29 de julio y la mañana del 18 de agosto, un total de mil 503 arrestos en los 24 estados del país, la mayoría provenientes de barrios de Caracas y de Carabobo, donde vive Kennedy. Este registro permite precisar que, entre esa masa levada que no para de crecer, hay 129 adolescentes, 14 indígenas, 18 personas con discapacidad y 200 mujeres.
«Intento convencerme a mí mismo de todo esto para encontrar paz en este duelo que estamos viviendo, pero que es parte del proceso hacia la resolución de lo que ya no tiene nombre».
Si Kamala Harris opta por ofrecer soluciones tecnocráticas como Hillary Clinton, dará la impresión de ser otra elitista recetándole al pueblo lo que debería hacer. Si, por el contrario, toma una página del populismo optimista de Obama y demuestra que puede escuchar y responder a los problemas con una visión unificadora, podrá replicar una coalición de minorías y moderados y será, en enero de 2025, la primera mujer presidenta de los Estados Unidos.