Una cosa indispensable: tener un lugar.
Sin lugar no hay benevolencia.
Henri Michaux
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Cuando Carlos Manuel Álvarez me pidió que llevara una columna en El Estornudo, sobre...
El Pez en la cama, de Tana Oshima; o el Perro Frente al Sol, de Joan Miró; o el Hombre-Caca, de Rafael Alejandro. Cualquier cosa, lo que sea para sentirme viva y alegre y poderosa.
La casita de José es demasiado pequeña como para llegar a ella y pasar desapercibidos. Es demasiado acogedora como para llegar y querer irse enseguida.
Si tuviera que hacer reclamaciones, sería la brevedad de un relato que no cede a la conveniencia de la Historia, ni de Mike Porcel, ni del gobierno cubano.
Inmediatamente, la policía del lenguaje ha protestado porque Luis Manuel Otero no ha replicado ningún lema de obediencia ni se ha comportado como un pionero. Estos oficiales tienen delante de sí el testimonio vivo de alguien que venció al castrismo, pero lo que necesitan es que el castrismo no deje de triunfar.
Si hasta hace poco le robaban el tiempo, ahora le han quitado su espacio. Su nueva condena será observar, a la distancia, que Cuba ni siquiera es aquella que dejó de ver el 11 de julio de 2021.
El país está roto. No existen los avengers para salvarnos, y sí una casta de millonarios pedófilos que son nuestros dueños. Ellos pueden decir quién se queda y quién se va. Si no les gusta lo que publicas, pueden ir por ti.
Leandro Eduardo Campa fue (o es) un escritor nacido en La Habana, Cuba, en 1953. Llegó a los Estados Unidos con el éxodo del Mariel. Medio vagabundo, elegante y mitómano (según dicen), vendía prendas falsas en las calles de South Beach o de la Pequeña Habana.