Alienación 2.0

Pese a todas las «coyunturas», el uso de redes sociales crece desde hace ya tiempo en Cuba. Los cubanos de la isla frecuentan cada vez más plataformas como Facebook, Twitter e Instagram. Allí acceden a contenidos de actualidad, se infectan de mundo y, a la vez, inoculan en él su irreductible parte de humanidad; contactan con familiares y amigos en la diáspora, descargan sus frustraciones más íntimas, ensalman en cierto modo los fracasos colectivos, chotean al vecino y, de vez en cuando, al mismísimo Poder. Si hay suerte, si alcanzan los datos móviles o la cuota de Nauta Hogar, si nuestro Gran Censor Ciberespacial se descuida un instante, o bien se regala un fugaz exabrupto de libertad, algún cubano podrá entonces leer desde Cuba algún artículo de El Estornudo.

El isleño vive una crónica ansiedad de comunicación, busca siempre, a toda costa, mitigar la soledad. Pero, aun así, Monkc lanza aquí una pregunta indigesta: ¿dónde acaba la lucidez, la libertad, la virtud de lo virtual; dónde empieza la alienación 2.0?

La isla a menudo no está donde creemos. Pero la isla (y nosotros), en cambio, siempre está allá fuera

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