La biografía y la bibliografía de Ortiz describe un arco territorial de experiencias e intereses que recorre el Mediterráneo, el Atlántico y el Caribe, Menorca, Italia y España, Cuba, México y Estados Unidos.
Lo que hay en Cuba es una repartición de la escasez, una distribución equitativa de la malversación. El socialismo improductivo nos volvió cultos en las escuelas y ladrones en los puestos de trabajo.
¿Alguien recuerda cuando hace unos cinco años se perdieron al unísono los condones y las cervezas en La Habana, y hacíamos chistes en Facebook sobre esa «feliz» coincidencia que al menos nos salvaría de embarazos indeseados y enfermedades venéreas?
En toda nuestra historia de experimentación socialista nunca ha habido nada peor que el Período Especial. Ningún enemigo ha sido más terrible que el hambre, que la miseria, y ninguna guerra ha sido más dura de pelear que la guerra diaria por la sobrevivencia.
Y en medio de un ambiente tan enrarecido, el movimiento LGBTI, históricamente degradado, aislado y humillado, desafía a las autoridades y propone una marcha multitudinaria en el corazón de la Habana Vieja.
El esfuerzo cubano por la libertad tiene en sus héroes y sus heroínas la savia del país futuro. El registro de los luchadores prodemocracia que fallecen cada año ofrece, al mismo tiempo, un mosaico de las características generales y los detalles de esa empresa.
El gran tema político del futuro cercano en Estados Unidos se centrará en qué rama del populismo económico puede responder mejor a la necesidad de que una mayoría de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, vuelva a sentirse partícipe de ese crecimiento, y traducir el descontento económico en propuestas concretas sobre salarios, vivienda, impuestos, competencia empresarial y poder corporativo.