De alguna manera, casi todo lo que debemos saber sobre el viejo está escondido en esa frase. Primero, que lleva casi cincuenta años en los Estados Unidos, desde que en 1967 se marchara definitivamente de Cuba para reunirse con su esposa y dos hijos (el mayor de ellos, Roberto Rodríguez Díaz, uno de los “niños Pedro/Peter Pan”), pero también huyendo de la cárcel por conspirar contra la Revolución. Segundo, que desde entonces ha vivido anclado siempre en la añoranza.
Lo que parece claro en Venezuela es que la gente no es tonta, que no se puede hacer política sin pensar en lo que la gente quiere. Quiero pensar que hay que tener paciencia. Si esta fuera una serie de televisión, es como si hora estuviera comenzando una nueva temporada.