El negocio de las mulas, evidentemente tolerado hasta el momento por las autoridades, parece marchar viento en popa, con cada día más cubanos apostándole todo.
Además de pullovers, en Clandestina también se venden delantales, cojines, bolsos, una guía turística alternativa, stickers, carteles, collares, monederos, billeteras, agendas, libretas, postales, llaveros, pañuelos, shorts, camisetas, camisas, blusas…
Entre los nuevos símbolos de la Cuba poscastrista, cuyo eje rector lo compone una casta tecnócrata de militares reconvertidos en empresarios al mando de sucursales anónimas, destaca el Gran Hotel Manzana Kempinski.