La nostalgia por la sociedad prerrevolucionaria impide encontrar la ruta de Cuba en nuevos movimientos e ideas, en los más radicales y sorprendentes, en lo político y en lo estético.
Cuba me gusta bastante más de lo que yo le gusto a ella. Pero no es Cuba, esa leve curva de suspiro y barro, lo que yo amo, sino lo que Cuba pudo ser, la República que nunca fue inaugurada...
Ser opositor en Cuba significa soportar la censura, la criminalización y los incontables procesos represivos del régimen. Ser opositor y de izquierdas en Cuba se traduce en invisibilización, moralización, abandono y desprecio por parte de la otra oposición, más visible, mayoritaria, que se reconoce de derechas. En un terreno de exclusiones, donde la posverdad y el sensacionalismo determinan los rumbos hacia el futuro, para alguien como yo no queda más que vivir expuesto a un fuego cruzado.