Nada, absolutamente nada, como el musicalizador de los entre innings. Al gráfico del line-up chino le engancharon una melodía de Revolución Cultural, de legiones de campesinos felices cultivando arroz bajo el sol luminoso de la Patria de Mao, que la única respuesta que se me ocurre para semejante agravio es que la televisión estatal china haya presentado el line-up cubano con Barbarito Diez de cortina fondo.
No teníamos que exponer a Lázaro Blanco, si así se prefería, pero uno de los dos camaradas Vladimir bien que pudo treparse al box. Con esas seis carreras le ganábamos incluso a Batista. Solo que el abuelito tierno de Carlos Martí nos hizo saltar al terreno vestidos de Oshín.
En 'La oveja blanca', un matrimonio se ama y se quiebra en un presente hecho de un amor nacido en los ochenta en La Habana, con sus esperanzas y sus incertidumbres; del deterioro de un sueño, del destierro, de un nuevo sueño de libertad en Estados Unidos, de la fragilidad del porvenir. Atados a una gran tristeza y a una gran alegría.