Desde el martes Yadira, Bárbara, Alexei y su mamá han consumido tres cajas de té, para pasar la noche, mientras conversaban a oscuras, sin electricidad. Solían hacerlo a la luz de unas velas hasta que ayer, viernes, a las 9:00 pm, cinco días después del tornado, la lámpara de la sala se encendió.
Fábrica de Arte, una antigua factoría de aceite reconvertida hoy en uno de los principales nichos culturales de La Habana, fue uno de los primeros lugares que transformaron sus instalaciones en puntos de recogida de donaciones para los damnificados.
Las personas más viejas aseguran que el tornado fue peor que cualquier huracán. Los huracanes, por lo menos, se pronostican, dan tiempo a prepararse, no llegan tan repentinamente. Se nombran Flora, Iván o Irma. Cuando pasan, se sabe que son huracanes.
El saldo es el siguiente: cuatro muertos, 195 heridos; 1 238 derrumbes de viviendas entre totales y parciales; decenas de escuelas, círculos infantiles, policlínicos y otras dependencias estatales.
El evento produjo tormentas locales severas con vientos que alcanzaron en rachas los más de 300 kilómetros por hora. Cayó granizos en La Habana y un tornado F4 destrozó varios municipios: Regla, Guanabacoa, San Miguel del Padrón, 10 de Octubre...
La Santa Biblia, un libro hermoso, sabio, con metáforas y parábolas poderosas, que lanza profecías sobre cualquier cosa, que abriga como ninguna otra cosa abriga y que lo ve venir todo, pero que no muestra la más elemental fórmula matemática o ley física que demuestre con pruebas empíricas que tal terremoto será la semana que viene entre las 7 y 10 de la mañana.