En toda nuestra historia de experimentación socialista nunca ha habido nada peor que el Período Especial. Ningún enemigo ha sido más terrible que el hambre, que la miseria, y ninguna guerra ha sido más dura de pelear que la guerra diaria por la sobrevivencia.
Tiendas como Fin de Siglo, La isla de Cuba o Variedades de Galiano están hoy mutiladas, con pisos abandonados y otras áreas de uso en manos de artesanos cuentapropistas.
Como parte de un masivo plan de reordenamiento gubernamental, se paralizaron 95 de 156 centrales, unos 100 mil trabajadores fueron «reubicados»: las fuerzas vivas del azúcar se dispersaron o languidecieron junto a los muros y las maquinarias detenidas.