Desde hace meses el ciclo de las crisis de desabastecimiento —pasajes de extrema gravedad dentro de la gravedad— no han hecho más que acortarse sin que el gobierno se haya animado aceptar explícitamente que la «coyuntura» no es coyuntural sino estructural.
¿Alguien recuerda cuando hace unos cinco años se perdieron al unísono los condones y las cervezas en La Habana, y hacíamos chistes en Facebook sobre esa «feliz» coincidencia que al menos nos salvaría de embarazos indeseados y enfermedades venéreas?
En toda nuestra historia de experimentación socialista nunca ha habido nada peor que el Período Especial. Ningún enemigo ha sido más terrible que el hambre, que la miseria, y ninguna guerra ha sido más dura de pelear que la guerra diaria por la sobrevivencia.
Tiendas como Fin de Siglo, La isla de Cuba o Variedades de Galiano están hoy mutiladas, con pisos abandonados y otras áreas de uso en manos de artesanos cuentapropistas.
Como parte de un masivo plan de reordenamiento gubernamental, se paralizaron 95 de 156 centrales, unos 100 mil trabajadores fueron «reubicados»: las fuerzas vivas del azúcar se dispersaron o languidecieron junto a los muros y las maquinarias detenidas.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.