Su última gran alegría fue en 2015. Cuando el club ganó su quinta Champions, y los jugadores alzaron la copa entre serpentinas y confetis, Héctor agarró eufórico su bandera blaugrana, la amarró a una vara y salió en bicicleta por el barrio.
Supersticioso confeso, se persigna cuatro veces antes de comenzar cada partido y luego besa su anillo. Le confiere diferentes poderes a cada una de sus camisetas del Madrid. Una funciona para que marque Ramos, otro para los clásicos, otro para las finales.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.