Las autoridades advierten que el país atraviesa su «más compleja» situación hídrica, con más de tres millones de habitantes afectados por interrupciones del servicio de agua potable.
El apagón es síntoma de una crisis mayor, crónica, multidimensional que afecta cada faceta de la vida cotidiana en Cuba y que se manifiesta, aún más amargamente, como inflación y escasez de productos básicos, como improductividad y depauperación de servicios sociales (incluidos los sanitarios), como desigualdad y aumento de la violencia, como desconfianza en el futuro y fuga migratoria.
Por su puesto, el apagón masivo —sin precedentes dadas sus dimensiones en un país donde los cortes eléctricos son un mal crónico desde hace décadas— dejó innumerables experiencias íntimas, a menudo dramáticas, o farsescas, que ilustran mejor la oscuridad de estas jornadas en Cuba.
Las luces se apagan, los ventiladores se detienen y los televisores y equipos de música enmudecen y cortan el sonido a media nota. Los backup de los ordenadores de mesa empiezan a pitar y avisan que el respaldo se agota. El silencio lo cubre todo. Si el apagón llega en medio de la noche, puede escucharse a lo lejos alguna que otra exclamación de furia, y si se alarga demasiado, oyes los inconfundibles golpes de cazuelas.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.