En una reciente búsqueda bibliográfica sobre la injertación de la pedagogía soviética en Cuba, con amparo en el método de Antón Makarenko, encuentro grotescas y graciosas evidencias de cómo lograr que grandes masas dependientes de un producto puedan ser programadas a costa de las necesidades de las minorías dominantes.
La verdad es que si esto es lo que tenemos que saber del comunismo —este catálogo de obviedades que mueve más a la risa que al espanto—, lo más probable es que se consiga el efecto contrario y crezca el misterio de aquello que se pone en tela de juicio.
Qué raro vivir en un año que se sabe que no será memorable, es como estar dentro de una tumba, nada de lo que pasa alrededor importa, nada puede cambiar los fundamentos de la fatalidad.
En 2025 registramos el fallecimiento de 36 héroes y heroínas. De ellos, 21 murieron en el exilio según la información recabada, y 15 lo habrían hecho en el país.
El esfuerzo cubano por la libertad tiene en sus héroes y sus heroínas la savia del país futuro. El registro de los luchadores prodemocracia que fallecen cada año ofrece, al mismo tiempo, un mosaico de las características generales y los detalles de esa empresa.