No teníamos que exponer a Lázaro Blanco, si así se prefería, pero uno de los dos camaradas Vladimir bien que pudo treparse al box. Con esas seis carreras le ganábamos incluso a Batista. Solo que el abuelito tierno de Carlos Martí nos hizo saltar al terreno vestidos de Oshín.
Pestano fue un atleta tan excepcional como soberbio, alguien que, por ejemplo, nunca reconoció tener más ídolos o referentes en la receptoría que él mismo, y que pertenece a esa clase de jugadores que también ambicionan algún tipo de poder o influencia pública fuera de los terrenos.
Tenía veinticuatro años, y tanto en tan poco. Era ya uno de los pitchers más importantes de las Mayores, y no resulta descabellado suponer que se convirtiera también en el pitcher cubano más grande de todos los tiempos. ¿Qué significa eso? ¿Qué había y ya no habrá?