Siboney y Miramar en el oeste de la ciudad, son dos barrios que representan las mejores posiciones de la ciudad. Herencia de las familias de clase media y alta de la época capitalista, actual símbolo de La Habana mas opulenta
Hace años los nombraron Comunidad, una palabra como una catedral, como un título nobiliario. Pero más que una palabra, era una condicionante que rompía la lógica funcional de un llega-y-pon: desde ese momento no podían permitir que nadie más se instalara en Los Mangos, o en sus predios. Si aspiraban a ser ciudadanos legales tenían que decir no a las aspiraciones de otros, que fueron antes las de ellos. El precio de vivir, sentirse Comunidad, era el de renegar lo que fueron, y truncar sueños.
Es Centro Habana, un día de 2009, y cuando Yomer sale a la calle se encuentra con un amigo que viene huyendo y que, desesperado, le dice: “el singao este me pinchó.” Unos metros más adelante, el amigo cayó muerto. Es una de las maneras en que pueden terminar las discusiones callejeras en Centro Habana. Yomer había vivido historias similares, pero ese día decidió irse al policlínico y con las placas de rayos X armó su obra “NO”.
El barrio desearía que sucediera al revés. La tierra erial tachando río, proveyendo terreno donde levantar más chozas. El Almendares es marca registrada de la inmundicia de La Habana, ya desde hace años lo sabemos. Lo que ignorábamos, entre otras cosas, es que a unos metros de la orilla una muchacha arroja una manta al suelo y se deja caer para sestear, y que El Fanguito tiene un Comité de Defensa de la Revolución. La monumental organización de masas del país es tan masiva que está, inclusive, donde se prohíbe estar.
En El Fanguito hay apenas una calle, la calle 30. Una franja que marca el verdadero límite del Vedado. De 30 hacia adentro, como quien busca el apacible olor a río, todo concluye. De 30 hacia afuera, como quien busca el humo citadino, todo comienza.