Hay un momento, tanto para Cuba como para Charles, donde la revolución parece írseles de las manos. Hay un quiebre en la vida de Charles, ridículo y descabellado, tenebroso también, inexplicable, donde la secuencia de hechos se desconecta y enchufa en otra realidad: la realidad más o menos normal de un cubano.
Los días anteriores La Habana había permanecido seca, con yerbajos amarillos tendiéndose sobre el verdor pobre de los céspedes. Míster President y su familia caminan por las calles. En la ciudad se anuncian cambios...
Obama quiso visitar un país que en realidad nunca visitó y que nunca hubiera podido visitar, porque el peso de su llegada siempre habría terminado deformándolo.