Más allá de lo que mi apariencia pueda sugerir sobre mi estado de salud, lo más cerca que yo estuve de la muerte fue siendo flaca. El dolor trabaja de una manera silenciosa y efectiva y no le interesa la apariencia física.
Cada vez me importa menos qué hago y más con quién hago qué. Cada vez me importa menos cómo luce quién y más cómo me hace sentir. Cuando pienso en explorar mi sexualidad no pienso en posturas, juguetes sexuales, afrodisíacos, sustancias alucinógenas o en una orgía. Cualquiera es capaz de cualquier cosa.
Viajé a Berlín al encuentro de dos mujeres. Más precisamente, al encuentro de una, Svetlana Aleksiévich, que me ayudara a llegar a la segunda. Tampoco descartaba encontrar la sombra del adolescente que fui allí, pero con ésa no me había citado.
Cuando los quince me alcanzaron sin haber tenido novio, me volví sospechosa de ser homosexual. A la inseguridad que me generaba el hecho de no haber tenido novio se le sumó entonces algo peor: vergüenza.