Hoy, 20 de enero, el 45to Presidente de los Estados Unidos toma posesión en la Oficina Oval. Comienza un reality que el mundo seguirá con los pelos de punta y que durará, mínimo, cuatro años.
Tres libros de poesía, publicados, un cortometraje terminado, un premio de crítica cinematográfica, dos exposiciones de carteles, una familia sobre sus hombros.
Lo conseguido por los dos países es un viejo anhelo del gobierno cubano, el establishment de la isla lo vitorea, pero en las calles, muchos no saben si alegrarse o llorar.
Al desembarco de Colón, en la isla habitaban entre 90 mil y 700 mil aborígenes, dependiendo del autor consultado. Hoy en los campos orientales permanecen algunos pocos millares reunidos sobre todo en la herradura formada por los montañosos municipios guantanameros de Manuel Tames, Yateras y Baracoa.
Ser opositor en Cuba significa soportar la censura, la criminalización y los incontables procesos represivos del régimen. Ser opositor y de izquierdas en Cuba se traduce en invisibilización, moralización, abandono y desprecio por parte de la otra oposición, más visible, mayoritaria, que se reconoce de derechas. En un terreno de exclusiones, donde la posverdad y el sensacionalismo determinan los rumbos hacia el futuro, para alguien como yo no queda más que vivir expuesto a un fuego cruzado.