En una reciente búsqueda bibliográfica sobre la injertación de la pedagogía soviética en Cuba, con amparo en el método de Antón Makarenko, encuentro grotescas y graciosas evidencias de cómo lograr que grandes masas dependientes de un producto puedan ser programadas a costa de las necesidades de las minorías dominantes.
Uno de los experimentos más interesantes, no solo de los últimos años, sino, a mi juicio, de la extensa y diversa historia de la oposición cubana, fue la plataforma de acción cívica Archipiélago.