A sus 54 años, hace muchos que el compositor, escritor, ilustrador y artista de hip-hop Rodolfo Antonio Rensoli Medina es reconocido como el principal promotor de la música rap en Cuba.

Rensoli nació en Guanabacoa, en junio de 1966, y antes de fundar —a los 28 años— Grupo Uno, escuchaba rock y escribía poesía. Antes había estudiado en la escuela militar vocacional Camilo Cienfuegos y cumplido con el Servicio Militar Obligatorio.

De Grupo Uno, Rensoli me dice que se trataba de «un grupo que, si bien en parte provenía de la “moña”, no eran raperos propiamente dicho, sino artistas, diseñadores, directores artísticos, productores y colaboradores». Con ellos se dedicó a organizar el primer festival de rap de Cuba. Era el año 1995.

El Festival de Rap Cubano, del que Rensoli fue presidente, logró por espacio de seis años ser un evento autónomo, es decir, gestionado y producido sin intervención estatal, lo que no quiere decir que no contara con apoyo gubernamental, cosa que hubiera resultado prácticamente imposible en un país donde, desde hacía mucho, la cultura y la economía estaban estatizadas. Ante la creciente popularidad del festival, tanto nacional como internacional —quizás, sobre todo, debido a la segunda—, y habiendo quedado demostrada la increíble capacidad de movilización por parte de los organizadores, y el creciente apoyo de interlocutores, promotores y académicos extranjeros, la independencia de los festivales dejó de ser bien vista por las autoridades de la isla.

Estas intervinieron el evento en el año 2001, con la intención de controlar un movimiento a todas luces pujante, creando para ello en el año 2002 la Agencia Cubana de Rap. La misma que ahora se pronuncia para desconocer el arte del rapero Denis Solís, condenado a ocho meses de prisión por el delito de “desacato”.

Desde hace tiempo —semanas— me he estado comunicando con Rensoli a través de mensajes de voz enviados por WhatsApp. El antiguo promotor se dedica ahora a estudiar Conservación y Gestión del Patrimonio Histórico Cultural en la Escuela San Gerónimo de La Habana. Además, ha cursado más de un diplomado en teología. He transcrito y en algunos casos redactado sus respuestas y he hecho nuevas preguntas para «Genio y figura». Es decir, esta entrevista es el resultado de una larga conversación sobre la moda y el rap.

MAC: ¿Cómo llegaste al rock y, luego, al rap?

RR: En un texto reciente explico que mi madre, Yolanda Medina, me transmitió el apego al swing y el jazz. Ella me dormía con «Hey, Jude», de los Beatles, que era una de las pocas canciones de los Beatles que ponían en la radio, en el programa Nocturno. Posteriormente mi hermana Gudelia traía de las becas en el campo, en la época del apogeo de las escuelas en el campo, la influencia, bastante mestiza, de las «músicas americanas»: Barrabás, Grand Funk, etc.

Ya antes se había producido una avalancha, básicamente de música negra americana, por la radio, y luego por la televisión, con Michael Jackson como colofón, y otras agrupaciones. Eso fue por los años setenta.

Rodolfo Rensoli grabando Saeta en Limbo Estudios/ Foto: Cortesía del entrevistado

¿Tu manera de vestir ha reflejado tus preferencias musicales?

Absolutamente, porque esas músicas vienen asociadas a subgrupos o mundos culturales que extienden su modo de expresión al vestuario, y en el escenario adquieren magnitudes de expresión artística, filosófica y social.

¿Puedes ponerme un ejemplo?

¡Imagínate tú! Está relacionado con todos los períodos que he atravesado. Puedo mencionarte el uso de un chaleco sin ninguna otra prenda debajo; la incorporación del pantalón de camuflaje militar en mis combinaciones; la exageración extrema de la talla de la camisa, combinada con un pantalón «tubo» que solo podía sacármelo sentado; el uso de prendas informales combinadas con una chaqueta o saco, el diseño de prendas a partir de patrones identificativos de vanguardia que mi madre me cosía.

Usar estola o bufanda, pantalones con parches de cuero o huecos, mucho antes de que se establecieran como tendencia.

¿En qué músico(s), artista(s) o corriente(s) estéticas o de pensamiento te has inspirado para construir tu estilo de vestir?

En todos los que he escuchado durante toda mi vida, sobre todo en la adolescencia. Uno va construyendo esta expresión a partir de esas influencias. A veces son detalles que uno incorpora de un artista que apenas escucha, pero te impacta.

¿Nombres? John Lennon, Freddy Mercury, Paul McCartney, Amaury Pérez, Bob Marley. En fin, muchos.

Rodolfo Rensoli / Foto: Cortesía del entrevistado

Se suele conceptualizar el rap —estilo musical— en tanto parte y manifestación de un fenómeno cultural urbano mucho más amplio, el hip-hop. ¿Cuáles son las características principales del estilo de vestir que identifica a los artistas de hip-hop en Cuba?

Originalmente era gracioso, y llamaba la atención de los extranjeros, la apropiación a ultranza de los rappers de aquí de los vestuarios más vistos en los raperos norteamericanos: gabanes largos, pasamontañas, suéteres gruesos de mangas largas. Imagínate que nuestro Festival [de rap] fue siempre en verano, hasta que hicimos un Festival de invierno.

Poco a poco ese estilo se fue cubanizando, o simplificando a la expresión propia más común de los hip-hoppers en el mundo. Hoy se ven raperos que usan guayabera y hasta sombrero de guano, muy orgánicos con el resto de las piezas que componen su expresión.

¿Puedes mencionar alguno de estos raperos de vestuario nacionalista?

Osmel Francis Turner; también Irack Sáenz, Montero Vega, Etián González.

En una entrevista publicada en la revista digital cubana La Jiribilla, refieres que los grupos de rap y hip-hop surgidos en Alamar han «comprendido, metabolizado e incorporado» la estética del hip-hop a «otros órdenes de la vida», llegando a trascender «la conversación de los propios raperos» para mezclarse «con otras costumbres, otras cosas». En el caso de Grupo Uno y de la cultura del hip-hop que se gestó en la comunidad de Alamar, ¿puede hablarse de una manera de vestir particular que los distinga?

Sí. Es fácil identificar la identidad rapera en las tallas anchas [extra grandes o XL], los impresos en los pulóveres y cosas así. También en las gorras, el modo de llevar el cabello y el calzado.

En tanto gestor y promotor de la música rap, ¿qué relación ves entre música y vestuario en el caso de los artistas cubanos que cultivan este género?

Tiene que ver con los caminos expresivos de cada artista o grupo. Hay algunos que, sobre la estética básica que identifica al hip-hop, asimilan la influencia rasta [rastafari], y hasta de los cultos afrocubanos —los cultos cubanos de origen africano—. También se observa la apropiación de piezas militares, muy común hoy tanto en el rap como en el rock.

¿Qué factores sociales y políticos crees que han influido en dicha relación, en el caso cubano?

La posibilidad de visibilizar alteridades socioculturales que emergieron después de los noventa, y la desacralización de los símbolos «intocables».

Rodolfo Rensoli / Foto: Cortesía del entrevistado

Es la segunda vez que mencionas el uso de piezas del uniforme militar por parte de los raperos cubanos. ¿Cómo interpretas tú el uso de un uniforme que representa el poder, la autoridad, el gobierno, por parte de los representantes de un movimiento artístico contestatario o, cuando menos, contracultural y para nada oficialista?

Yo estuve en una unidad militar donde justamente en algunas acciones se vestía uniforme de camuflaje, que es el preferido por las tribus —por decirlo de alguna manera— alternativas porque es más combativo, se asocia a las fuerzas especiales. Y mi unidad tenía varios tipos de camuflaje. En aquellas circunstancias era gravemente penado el uso de cualquier prenda militar en la calle. Yo me he quedado frío. No sé si el reglamento del ejército habrá variado, porque incluso siendo tú militar, ya fuera soldado u oficial, si te sorprendían usando una prenda —por ejemplo, el pantalón— sin el resto del uniforme, así fuera una gorra militar, podías ser conducido por la policía militar del ejército, que se llama «prevención» en Cuba.

Sin embargo, hoy se venden gorras verdes de soldado, con estrellas rojas, al por mayor, en las mesitas para los turistas.

Pero, yendo directamente a tu pregunta, me imagino que ese antecedente te sirva para gestar un pensamiento. Yendo específicamente a esto que tú me preguntas, la cultura que se dibujó en los años veinte, cuando las mujeres se rebelan contra la imposición del largo de las prendas [de vestir], tanto de baño como atléticas o en sentido general, incluida la ropa interior femenina, y que en los sesenta cristalizó con fuerza, con liderazgo y con muchas aristas. Fue tan fuerte la energía que manó de ese núcleo, que llegó hasta el Caribe y generó un Bob Marley, y generó incluso en Sudáfrica una Miriam Makeba más adelante.

Te estoy poniendo los puntos más extremos de esa irradiación solar que tuvo su epicentro en los Estados Unidos de América y en varios puntos de Europa. Después, algunos grupos fueron defendiendo, desde sus particularidades, la necesidad de una emancipación social buscando la equidad, y hasta buscando el poder. Habría que ver hasta qué punto, pero esos movimientos, que son los que dan origen a la «alternatividad» de hoy, quisieron zafarse de las estructuras rígidas de la sociedad y de lo castrense.

Entonces, ese sentido «apropiativo» tiene varias lecturas para mí. Significa: «Yo soy ahora el poder; a pesar de que no me tragas bien, yo soy el poder ahora». Tiene también el sentido de burla e ironía que, por ejemplo, los negros de los barrios les daban, en las comparsas, al vestuario aristocrático —estoy pensando en los marqueses de Atarés—. Estos, incluso, asumen las posturas típicas de la gente aristocrática, que mezclan con los pasillos obviamente irrenunciables de la conga.

Entonces, tiene ese sentido también de «mira lo que hago con tus prendas [de vestir]: las decodifico, me las pongo como quiera». Es un vestir que exige un rigor extremo, porque estuve entre los militares, estuve en escuelas de máximo rigor. Freddy Mercury con el torso desnudo explayando su ambivalencia sexual, y una gorra militar, por favor, yo pienso que el significado es más que evidente.

También puede significar: «Entre ustedes también hay gente que tiene esta potencialidad o esta naturaleza». Es contestar desde una tribuna de poder. Tiene numerosas lecturas esa apropiación del vestuario militar.

También, por ejemplo, en el rap, que tú sabes que tiene una fuerte raíz en el pensamiento de Malcolm X —estoy pensando en [el grupo] Public Enemy—, significa: «Yo formo parte de una unidad combativa». También eso.

Rodolfo Rensoli / Foto: Cortesía del entrevistado

Por un tiempo, en los años noventa, al hip-hop se le llamó «la moña». ¿Conoces el origen de la acepción rapera de este término? ¿Crees que tiene que ver con los dreadlocks de muchos de los artistas que practican ese arte o con algún otro elemento del estilo o del vestir?

Hay varias versiones y elucubraciones. Por ese tiempo [años ochenta] era común en la jerga popular utilizar la palabra «moña» para definir, por asociación, algo de lo que se hablaba. Por ejemplo, «la moña esa es…»

También los músicos de jazz de vanguardia del momento le llamaban «moña» a los acordes —o combinaciones de estos— complicados.

Hay una última versión, de que un grupo que empezó a definir esta tendencia llevaba el cabello de un modo que se parecía, bueno, a una moña, y que esto marcó la denominación definitiva.

¿Conoces el nombre de ese grupo?

Me refiero a un grupo de personas, no a un grupo establemente constituido para hacer intervenciones artísticas específicas; a un grupo que se movía en torno a la leyenda más grande que ha tenido «la moña»: Miguelito «la Peste» [Miguel Ángel Abreu Larrondo].

Hace unos meses, declaraste en una entrevista que te hiciera el periodista Mauricio Mendoza que el hip-hop «ha sido de los movimientos socioculturales más reprimidos por las instituciones en Cuba, que han hecho lo posible y lo imposible por llevarlo al exterminio». En tanto cultivador y promotor de este género, ¿has sido censurado o amonestado por la manera de vestir?

Básicamente esto se da con la policía, como agentes que representan la voluntad del gobierno en la calle y la sociedad en Cuba, que ha tenido un retardo evidente respecto de muchas tendencias culturales contemporáneas globales. O sea, el vestuario se incorpora como expresión de lo «incorrecto».

¿Quieres decir que la policía te ha detenido por tu manera de vestir?

La apariencia «rara» siempre ha sido un indicador de sospecha para las autoridades policiales cubanas.

Imagínate que la primera vez que fui a parar a un calabozo de la policía fue por frecuentar el lugar de reunión de los roqueros en mi pueblo natal, Guanabacoa. Cuando mi padre, que me fue a buscar, se dio cuenta de qué se trataba aquello, gracias a la presencia de otro masón, que fue a buscar a su hijo, demandó explicaciones, y entre las que dio el carpeta de la unidad estaba: «Es que ellos se visten con flequitos».

¿Has tenido que hacer alguna concesión estilística —con relación al vestir— para poder realizar tu trabajo de artista o promotor de hip-hop tanto en escenarios como en la televisión cubanos?

Generalmente, no, lo que no supone que todos estén dispuestos a aceptarte. Me refiero a directores, gestores, en fin, promotores. Lo que se hace es combinar hábilmente las piezas, asumiendo una «presencia artística» sin perder la autenticidad.

En la entrevista que ya mencioné antes dijiste que los raperos se han encontrado en «el punto de mira» de las autoridades cubanas debido tanto a su proyección contracultural como a su raza. Comparándolos con los roqueros, te referiste a la negritud de los artistas y consumidores de rap como un estigma. ¿Existen elementos del estilo o del vestir producidos con la intención —expresa o no— de transformar, o al menos denunciar, esta situación?

No. Generalmente, no. Esto es más frecuente en el uso del cabello o en la gestualidad escénica. En esto hay que tener en cuenta la promedial limitación en Cuba para imprimir pulóveres de modo particular, es decir, por uno mismo, debido en general al poco poder adquisitivo del cubano promedio, común.

Según la investigadora Grizel Hernández Baguer, el desarrollo del hip-hop en Cuba se ha expresado tanto en el cultivo de dicha manifestación cultural como en la asunción de una filosofía de vida en general. ¿En qué consiste dicha filosofía de vida y cómo se manifiesta en el vestir?

En defender un modo de la libertad social, en usar las ropas en ruptura con la tradicionalidad, y ropas de cualquier procedencia con símbolos propios de la cultura que defiende esa libertad. Se trata de símbolos que no son generalmente de identificación generalizada.

¿Puedes describirme algunos de estos símbolos?

Los líderes afro universales, por ejemplo Malcolm X, Bob Marley, hasta [el expresidente estadounidense Barack] Obama y otros mainstream, como [el rapero] Tupac Shakur.

O la apropiación de símbolos rasta o hippies.

Para detallarte los contenidos tendría que ponerte letras de canciones; ya te digo, [se trata de] arremeter contra cualquier servidor público, desde el jefe de sector de la policía hasta cualquier ministro, funcionario o persona en el ejercicio del poder. Las circunstancias son las que se dan en el diario vivir.

En una entrevista reciente para Diario de Cuba, has dicho que tu acercamiento al rap y a la promoción cultural de este género musical partió, entre otras cosas, de «una consciencia autonómica de pensar la realidad desde el negro», la cual pasa, entre otras cosas, por lo estético. ¿Cómo se inserta el vestuario en esta ecuación? En otras palabras, ¿cómo se refleja «lo negro» en el traje de los cultivadores del hip-hop?

Creo que esta respuesta está implícita en otras anteriores.

El desarrollo y popularización del hip-hop en Cuba han sido entendidos también como resultado de la búsqueda de espacios donde expresar y problematizar lo racial dentro de la sociedad cubana. ¿Crees que esa búsqueda se extiende también a la moda?

Obviamente, van íntimamente relacionadas.

Hablando de dreadlocks, muchos músicos de rock, trova, rap e incluso salsa llevan el pelo de esa forma. ¿Existe alguna característica que distinga los dreadlocks de los raperos, o se trata solo de una expresión identitaria racializada de carácter contracultural que atraviesa diversos géneros musicales?

Los dreadlocks son puestos en la palestra por los rastafaris. Pero para el rasta esta expresión es muy libre, muy natural. En otras expresiones pueden verse adaptaciones al criterio espectacular, más adecuado a la aceptación general.

En la entrevista aquella para Diario de Cuba también has dicho que, si bien lo folklórico —te referiste en particular a la rumba— ha gozado de cierta aceptación por parte de las autoridades cubanas, no ha sido así en el caso de «las neoformulaciones del negro», más contemporáneas, que ha tu entender han sido reprimidas por una institucionalidad patriarcal. ¿Cómo se han manifestado esas neoformulaciones en la moda, y cuál ha sido la respuesta de la cultura patriarcal?

Ya te respondí esto cuando hago alusión a los representantes de la autoridad, que pueden ser también autoridades familiares, funcionarios. Se mueve entre una crítica extrema y la represión.

¿Qué impacto crees que tienen los productos culturales internacionales como los videoclips, así como las giras internacionales, en la expresión sartorial del hip-hop en Cuba?

Tienen una gran influencia porque, sobre todo, actúan en la actualización de los detalles y los elementos, en la apropiación o adaptación de estos al vestuario que ya se ha ido conformando en esta escena, en este mundo.

A la poética de barrio del hip-hop le atañe no solo una construcción particular de lo racial como producto cultural y estético, sino también un discurso crítico de clase. ¿Puedes identificar elementos de la moda expresamente dirigidos a comunicar la marginalidad social de donde proviene el hip-hop cubano?

Lo que sucede es que en Cuba la frontera entre los privilegiados por herencia política, digamos, y los «nuevos ricos» es tan visible que se muestra en el vestuario. Es evidente cuando la gente tiene una procedencia pobre, por mucho esfuerzo que haga. Más bien algunos muchachos de la primera tipología, los más afortunados en el sentido económico, tratan de acercarse humildemente al vestuario de los más desfavorecidos.

Muchos artistas de lo que se conoce como el género urbano suelen cultivar una estética asociada con el lujo. El éxito por lo general se traduce en gruesas cadenas de oro y en zapatillas deportivas de marca, reflejo de una escala de valores que privilegia la acumulación de riquezas. Sin embargo, tengo la impresión de que los raperos cubanos, a diferencia de los reguetoneros, suelen ser más modestos en la manera de vestir. ¿Qué opinas sobre esto?

Sí, absolutamente. Los raperos cubanos no han llegado a la acumulación financiera que ha provocado esa respuesta al poder interpretada como riqueza, mostrando estas piezas tan abultadas. Pero creo también que hay definitivamente más conciencia en el ámbito rapero de que la austeridad en el vestir reafirma la legitimidad de un discurso que dice representar la libertad de la mayoría, la expresión libre de la mayoría, o su identidad real y contemporánea, y defiende también poseer en apariencia una paridad con estos grupos sociales.

¿Qué es lo más loco o excéntrico que te has puesto?

No sé. ¿Tenis y traje? ¿Una chapa en el cuello? ¿Argollas? ¿Corbata y pulóver? ¿Unos espejuelos de nácar de una abuela?

¿Cómo definirías el estilo de Rodolfo Rensoli?

Ecléctico.

¿Cómo crees que se vestirá Rodolfo Rensoli dentro de diez años?

Igual, con adaptaciones.

¿Y cómo crees que se vestirá el hip-hop cubano dentro de diez años?

Creo que tendrá más sentido de propiedad en cuanto a nacionalidad, y que asimilará las señas de otros movimientos.

Te voy a regalar un bonus track, como en los discos. Esto es inédito, esto es una primicia para ti. En el primer Festival de Rap se convocó a un premio al mejor vestuario, que no se dio. Había un diseñador en el jurado, fanático de rap —actualmente vive en los Estados Unidos—, se llama Ariel —esta es la historia de los Ariel—, muy talentoso, que se graduó justamente de diseño de vestuario. Ese es mi bonus track, no sé qué te parece.

Interesantísimo, pero cuéntame por qué no se entregó ese premio.

El problema es que el jurado consideró que el rapero lo que hace es «marginalizar el vestuario», por lo que establecer una pauta era complicado y, quizás, errático. Recuerdo sobre todo el vestuario impactante que llevó Primera Base, el primer gran premio en la historia de los festivales de rap cubano, y primer grupo de ese género en tener disco en Cuba —posteriormente ganó también el premio Cubadisco—; y el del colectivo danzario Estilo Fantástico era tan vistoso y original que la gente de la comunidad los bautizó como los «gatos samurái».

Hay otro detalle que te puede interesar. En una de las ediciones del evento unas inglesas nos usaron como modelos para Levi’s, creo que tengo una foto por ahí en una publicación.