Sinceramente, a mí me da un poco igual que me feliciten, o no, el 8 de marzo. Para mí, de hecho, el Día Internacional de la Mujer siempre ha sido un día bastante desagradable. Al menos en La Habana, los machangos suelen tomarlo de excusa para acosarnos en la calle. Te disparan un «felicidades, mami» en cualquier esquina, y si no les agradeces, como si sus felicitaciones fueran un favor que te hacen, proceden a ofenderte.

Luego en la televisión cubana una tiene que aguantar una sarta de cursilerías infinita: ramos de rosas, mensajes con letras rocambolescas, canciones empalagosas. Todo combinado con una buena dosis de reafirmación revolucionaria. Cualquiera pensaría que para lo único que sirve un 8 de marzo es para avivar la hoguera de la propaganda oficial.

Mientras que en gran parte del planeta las mujeres salen a los espacios públicos a manifestarse, para recordar que somos muchas en todas partes las que queremos tumbar el patriarcado, en Cuba no pasa nada y, si pasa, es puertas adentro. No necesariamente porque las mujeres feministas cubanas prefiramos encontrarnos y dialogar al interior de una vivienda, una galería, un centro de investigaciones o una organización no gubernamental, sino porque sabemos que si salimos a las calles con un cartel a defender nuestros derechos, corremos el riesgo de acabar en la cárcel.

Yo he participado en varias ocasiones de esas actividades políticas bajo techo, que quieren ser protestas y no pueden, porque estoy de acuerdo con que algo es mejor que nada, pero siempre me dejan con sabor a derrota. No puedo evitar sentir que nos estamos ocultando, que estamos bajando la voz para no perturbar a ese macho abusador que es el Estado.  

Es cierto que hay muchas formas de lucha, que es posible, además de necesario, generar transformaciones a través de recursos legales, programas educativos, publicaciones periodísticas y científicas, obras artísticas, talleres comunitarios, campañas mediáticas, gestiones institucionales o políticas gubernamentales. No hay una forma de lucha superior a otra, todas cumplen un rol y se complementan. Sin embargo, considero que los espacios públicos son territorios vitales para la causa feminista.

Si el feminismo nos ha enseñado que lo personal es político ha sido precisamente porque la comprensión de la violencia de género como un problema personal, que solo concierne a la víctima y su victimario y no guarda relación con la política, es uno de los dispositivos fundamentales para su reproducción. Todos los esfuerzos encaminados a desactivar ese dispositivo buscan demostrar que los machismos que afectan las vidas de las mujeres son políticos.

Que las mujeres dispongamos de menos tiempos para nuestro desarrollo profesional, o para entretenernos o cuidarnos a nosotras mismas, por tener más responsabilidades domésticas que los hombres con quienes convivimos, es político. Que las mujeres sintamos miedo a caminar solas de noche por una ciudad, es político. Que las mujeres aguantemos malos tratos de un hombre al que amamos, es político. Que las mujeres creamos que siempre tenemos que estar sexualmente disponibles para nuestros novios, maridos o amantes, es político. 

Exponer nuestro universo personal, tanto lo que nos oprime como lo que nos enorgullece, en espacios públicos, es una parte esencial de la politización de las desigualdades que el sistema patriarcal impone. Así visualizamos todos los problemas cotidianos que enfrentamos, interpelamos a la sociedad, hacemos conciencia acerca de los prejuicios que limitan nuestra libertad.

Yo sueño con poder desfilar un día por el Malecón con las tetas al descubierto. No porque quiera exhibir mis tetas, sino porque quiero naturalizar ponerme una camiseta sin ajustadores y poder ir al agromercado a comprar alimentos sin sufrir acoso y sentirme avergonzada. Detrás de cada rebelión feminista, que puede resultar a veces difícil de comprender, hay siempre una historia profunda de dominación.

Las razones por las cuales las feministas cubanas no salimos a la calle a marchar son muy similares a las razones por las que casi ningún actor social en Cuba sale a la calle a marchar, y podrían resumirse en la falta de garantías para el ejercicio de derechos civiles. En los dos últimos años hemos visto excepciones inspiradoras, como las manifestaciones del 11 de mayo de 2019 y el 27 de noviembre de 2020, pero no pasan de ser excepciones.

Con esto, aclaro, no pretendo cuestionar a ninguna feminista. Primero, porque no creo que sea sano juzgarnos, segundo, porque la primera que no ha salido a marchar en Cuba soy yo, y tercero, porque entiendo que la seguridad de una persona –no hablo de privilegios, sino de seguridad– no puede subordinarse a ninguna causa. Además, es innegable que los distintos colectivos feministas están haciendo un gran trabajo, a pesar de que la mayoría no cuenta con garantías para asociarse legalmente. Hay mucho de lo que enorgullecernos.  

Sin embargo, creo que es importante preguntarnos cuál es o podría ser nuestra relación con los espacios públicos en un país como Cuba. A mí me entristece enormemente que el 8 de marzo, que es nuestro día más emblemático, las mujeres cubanas feministas no podamos salir a la calle a manifestarnos como mismo se manifiestan millones de mujeres en todo el mundo. De pronto me siento invisible. Se supone que el 8 de marzo es cuando digamos a nuestro país, a nuestros gobernantes, a nuestras mujeres, a nuestras niñas: «Aquí estamos».

¿Hasta cuándo vamos a conmemorar nuestras luchas y a exigir nuestros derechos puertas adentro? Es cierto que lo importante no es solo lo que hagamos el 8 de marzo sino el resto del año, porque sirve de poco parar o marchar hoy, si mañana no decimos que no cuando alguien intenta violar nuestros derechos. El feminismo no es un traje que nos quitamos y nos ponemos en fechas especiales para sacarnos una foto y subirla a las redes. Pero si no conmemoramos el 8 de marzo, que sea por decisión de cada una y no porque salir a la calle a manifestarnos pueda implicar que nos acusen de mercenarias y nos encarcelen.

El Día Internacional de la Mujer debería ser un día para convocar, sumar, exigir, visibilizar, pero, sobre todo, para hermanarnos. Nada da más fuerza a otra mujer que lucha o resiste que encontrarse con otra mujer que pasa por lo mismo o le acompaña. El espacio público importa, porque mirarnos a los ojos, abrazarnos y caminar juntas importa, porque ser vistas y reconocidas por la sociedad importa, porque ayudarnos a pintar nuestros cuerpos con símbolos feministas importa, porque sacarnos las tetas en una marcha mientras gritamos «se va a caer» importa.

Podemos discutir una y mil veces si es correcto que nos feliciten o no el 8 de marzo, pero necesitamos discutir también qué podemos hacer con nuestro 8 de marzo, porque sí, es nuestro 8 de marzo. O necesitamos que empiece a serlo.

9 Comentarios

  1. Siempre será más fácil reivindicar derechos desde la democracia. Ahora que Cuba está enferma de machismo revolucionario, estas voces lúcidas como las de Mónica se tornan luces en la oscuridad.

  2. Monica te felicito por todo lo que has logrado como mujer en la Cuba de hoy y ejerciendo periodismo independiente en un contexto hostil. Hay que celebrar que existan mujeres como tú capaces de alzar la voz y con más valor que muchos de nosotros los hombres. No soy de los que pienso que todo en la vida es político. Las ideologías, como el comunismo o el feminismo hacen que todo sea político y simplifican la realidad humana a un juego de poder. Para los comunistas es el capitalismo malvado así como para las feministas es el patriarcado feroz. El feminismo radical es anti hombres y se basa en el odio de géneros como el comunismo se basa en el odio de clases. Algo detestable en ambos casos. En este texto siento mucho odio y adoctrinamiento feminista. Es pintoresco ver la confrontación de dos ideologías feminismo Vs comunismo. Hay que estudiar mucha historia, biología y la evolución para entender cómo las diferencias entre los dos sexos han marcado el lugar que ocupan ambos y sus roles en la sociedad. La realidad de la mujer durante miles de años es que han estado presas de la biología. El hombre y la mujer han coevolucionado, quiere decir que la mayor parte del tiempo han luchado juntos para sacar adelante la familia y sobrevivir en condiciones extremas. Antes de la era industrial la tasa de mortalidad infantil era de alrededor del 50% y no habían anticonceptivos. En la actualidad las cosas son diferentes y la igualdad de derechos y oportunidades debe ser el objetivo. Algunas sociedades ricas e industrializadas se acercan bastante. La pobreza y todo tipo de desigualdad van de la mano incluyendo la desigualdad entre sexos. Cuba es un país subdesarrollado y del tercer mundo donde aún existe bully entre hombres y acoso a la mujer y montones de otros comportamientos inadecuados. Todos los cuales vienen de la mano. No por gusto son los países nórdicos los más igualitarios e inclusivos. El 8 de marzo es un día de celebración por los logros alcanzados por las mujeres y para recordar lo que queda aún por hacer. Así se ha definido por organismos como la ONU Mujeres. Y bueno, si alguna mujer quiere sacarse las tetas y protestar contra el patriarcado ese es su problema. Marie Curie no se sacó las tetas y con su sacrificio y trabajo logró dos premios Nobel y es un símbolo como el sol de lo que las mujeres pueden lograr. Aunque es verdad que no vivía en Cuba y quizás nunca fue acosada.

  3. Los derechos de las mujeres es inseparable de los demás derechos civiles o humanos. Las mujeres en CUba no pueden manifestarse por las calles por la misma razón que los hombre tampoco pueden. Las únicas manifestaciones que he visto en Cuba son las organizadas por el CENESEX.

  4. Y sacarse las tetas, o el falo, o el ombligo, es seguir presos de la biologia, de la reaccion instintiva animal, manipulada como si se tratara de agendas liberadoras de algo. Recomiendo leer a June Singer para aproximarnos a un mejor entendimeinto entre sexos, es mas, a un salto que los trascienda.

  5. Interesante el artículo y también los comentarios vertidos hasta ahora. Tanto la mujer como el hombre son, al final, seres humanos y como tal tienen derechos que les vienen conferidos por su propia naturaleza con independencia del sexo al que pertenezcan. Ahora bien, hay que reconocer que biológicamente el hombre y la mujer son diferentes como resultado de la propia evolución natural. Al mismo tiempo el hombre y la mujer forma una unidad indisoluble Si se quiere que la especie humana se prolongue en el tiempo. El reconocimiento y respeto al derecho de un sexo no puede pasar por el menoscabo de los derechos del otro y en eso juega un papel importante la educación que recibe el niño desde las primeras etapas de su vida. Esa debe ser una labor constante y conscientemente realizada no sólo dentro del hogar sino también en la escuela insistir en el respeto a esos valores. Pero para ello lo primero que debe existir en Cuba es la posibilidad de una discusión abierta y pública en los medios donde se aborde este problema con honestidad, algo que resulta imposible en una sociedad donde los medios sólo sirven de cajas de resonancia triunfalista de los supuestos logros alcanzados por el sistema imperante y en los cuales no tiene cabida ninguna discusión desprejuiciada No ya sobre la mujer, sino sobre cualquier otro problema que pueda revelar fisurasen la imagen de la sociedad cubana qué le quieren vender al mundo.

  6. Si para llamar la atención a una causa hay que, como dice esta autora, «sacarse las tetas», o como han hecho otras, sin ser escritoras, andar con trapitos menstruales a retortero, o cagar en las calles, es que sencillamente hay poca imaginación y, sobre todo, muy poco que reclamar. En cualquier strip joint o en una playa nudista de Jamaica las tetas están al aire y no pasa nada. Eso sí, las mujeres verdaderamente poderosas están demasiado ocupadas en estos tiempos luchando por mejorar su condición y la de sus familias, lo mismo en el sector privado que en la cosa pública, como para embarcarse en estas payasadas. Es una lástima que el movimiento por los derechos de la mujer sea actualmente rehén de tanto bicho raro.

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