«…los albaricoqueros existen, los alabaricoqueros existen.»

Inger Christensen

El alfabeto

Miami, 19 de abril de 2020. Calle 8, Pequeña Habana, McDonald’s de la esquina 14, cuarentena por Coronavirus. Todo está vacío, poquitísimos automóviles entran y salen, piden comida, la recogen y se van. Los conductores no se ven, casi nadie se ve. Poquitísimas personas caminando por la acera, algunas traen puestas máscaras, otras no. Un muchacho con una gorra mira a la persona que narra. La persona que narra siempre trae libros en su bolso, a veces uno, a veces más de uno. No por sed de conocimiento sino para usarlo como silla si necesitara sentarse en un contén. Un lugar son las personas y un lugar son también los libros que las personas traen en sus bolsos. Un lugar existe. Miami, 19 de abril de 2020, cuarentena por Coronavirus. Los albaricoqueros existen en países donde el calor producirá precisamente el color de la carne que tienen los albaricoques. Little Havana, Pequeña Habana, McDonald’s de la esquina 14: poquitísimas personas, poquitísimos automóviles entran y salen, piden, compran y se van. Hay palomas. La mayoría de las cosas que hay son palomas. Palomas picoteando en el parqueo de McDonald’s. Un pájaro negro en un cable, palmeras, árboles pequeños, el cielo azul, mucho SOL. Muchísimo sol. El pájaro negro vuela hasta la paloma y le arrebata lo que tiene en el pico. La persona que narra siempre trae libros en el bolso. Libros de Inger Christensen, libros de Cesar Vallejo, libros de la Generación Beat. Un automóvil, mientras la persona que narra leía, se acercó un poco a la persona. Calle 8, WE ARE OPEN, DRIVE THRU, UBER EATS, POSTMATES. Parqueo de McDonald’s: el césped, si lo hay, está cortado. Pero no hay césped, hay arbustos, palmas, árboles pequeños, muchísimas palomas picoteando en la calle. Algunos automóviles entran, compran y se van. Libros en el bolso de la persona que narra como tesoros inextinguibles. Todo se extingue, idiota. ¿Cómo se dice: Miami o Mayami? A esta altura, ¿cómo se dice qué? Hay una buganvilia frente a los ojos de la persona que narra. La persona en tercera persona. El coronavirus alrededor de la buganvilia. Una paloma sobre la buganvilia. Miami, Mayami, ¿cómo se dice mamá? La persona que narra es una mamá. La persona que narra, para poder narrar, dejó a su hijo con una hermana. Hermana de sangre, ande o no ande. Alguien que lo cuida, alguien que lo cuidaba, alguien que lo cuidó. Se atora, la persona que narra se atora. No hay personas en la calle. Frente a la persona que narra va pasando un hombre en bicicleta sin máscara o nasobuco. Es el parqueo de McDonald’s en la esquina 14 de la Calle 8. Un lugar son también los libros que las personas traen en sus bolsos. Libros de Inger Christensen, libros de Cesar vallejo, libros de la Poesía Beat norteamericana. Tantos libros, a esta altura, ¿para qué? En todas partes recomiendan leer. En las ventanitas del Drive Thru recomiendan comer. Las cosas continúan su devenir desde que la persona que narra ha empezado a leer letreros en inglés y a decirlos en voz alta. A voz en cuello, para ser precisos. Letreros, en suma, que la persona que narra no sabe pronunciar pero igual los articula, los acapara en su boca foránea, pensando que el idioma es lo fundamental. La persona que narra es extranjera, exxxtranjera, es-tranjera, ¡eh-tranjera! Little Havana, to go parking, parking only, buganvilia. No: Bou-gain-vi-llea. ¿La Poesía Beat norteamericana es granjera? ¡Es tranjera! Fo! Se dice fo cuando algo apesta. Un camaleón se acerca. La persona que narra le tiene pánico a los camaleones. La persona que narra le tiene túnica a los camaleones. ¿Túnica? No: Bou-gain-vi-llea. El camaleón la asusta, la mira con esos ojos de gallina laterales y se aparta. Se le cae un libro a la persona que narra. Aunque el McDonald’s esté vacío sigue habiendo olor a aceite por doquier y por allá. Esto es, literalmente, un sacrificio. Venir aquí en esta situación, con este olor, bajo este nubarrón. Esto es un sacrificio. La persona que narra es una mujer que dejó a su hijo en buenas manos. Con alguien que lo cuida o lo cuidaba. Frente a los camaleones el tiempo se diluye. El futuro no existe, los camaleones existen. Un lugar son los libros que una persona trae en su bolso. Libros de la Poesía Beat norteamericana. Libros de papel de cebolla salteada. Allen Ginsberg, Jack Kerouak, Lorenzo Ferlinghetti, esos muchachos. La persona que narra está buscando un poema. Ya se sabe para qué sirven los poemas, en esta situación, en este desastre. Sirven para que uno se olvide de esta situación durante indefinido. Como el alcohol y la comida rápida, el placer es instantáneo. ¡Ex tantáneo! La persona que narra no encuentra el poema y el paisaje de fondo se diluye: un carrito de compras bajo la buganvilia lleno de pantalones, camisas, sábanas y restos de envolturas de comida. Pero la persona que narra no puede dejar de narrar, no se puede dejar de escuchar su voz. La voz va guiando un relato. Un relato de amor, una canción, una canción contra la pared. ¿Dónde está la canción, donde está el poema, donde está la Poesía Beat norteamericana? Dónde están, en definitiva, las personas? El camaleón sigue ahí, mirando a la persona que narra, con su tiroides sobresaliente, con su pañuelo de piel de cocodrilo. La persona que narra le tiene pánico a lo que sobresale. La persona que narra está, por primera vez en el día, asustada. El miedo es otra canción: ¿cómo se dice Miami, cómo se dice Ma-ya-mi? ¿Dónde nació la persona que narra? ¿Dónde nació lo que no es importante? ¿Dónde nació Miami? 19 de abril de 2020: muchísimas palomas, poquitísimas personas, uso indiscriminado de adverbio de cantidad. ¡Superlativo! ¡Súper latino! Los automóviles entran y salen, sus conductores compran comida  a través de ventanitas empotradas en paredes que se han construido para eso y que son la vía idónea para vender comida en tiempos de crisis biológica, fisiológica, filosófica. Localizadas en la parte trasera, por donde se va en retirada, el conjunto de ventanitas tiene un nombre compuesto: DRIVE THRU. Lo diminuto de estas ventanas propicia la entrega y recogida rápida, antiséptica, del bocadillo que se llevará a la boca quien compre aquello que se ha vendido. El precio de lo vendido es módico y paradójico, en tiempos de crisis biológica, fisiológica, filosófica. Una ventanita por donde una mano con guante saca el pan con hamburguesa y queso derretido sobre pickles o mostaza. WELCOME CENTER, DO NOT ENTER, LA GUANTANAMERA. ¿A qué se refiere la Guantanamera? La Guantanamera es un Cigar Shoppppp. Cuban Restaurant Cigar Shoppppp. La Guantanamera (risas, hay risas, la persona que narra se ríe, la persona que narra puede también reírse) es un Cigar Shop, una tienda de tabaco. También es un Café: decantación. WE ARE OPEN, UBER EATS. La persona que narra se equivoca constantemente porque hay camaleones cerca. No puede describir la situación coherentemente. La persona que narra es incoherente. La persona que narra titubea, la persona que narra parlotea, la persona que habla gaguea. Se equivoca, todo el tiempo se equivoca. La persona que narra es, en resumidas cuentas, una equivocada. Porque hay camaleones. Los animales en cuarentena por coronavirus salen a las calles en lugar de las personas. Ninguna persona en la calle. Hay automóviles pasando por la calle y dentro de esos automóviles hay gente. Los conductores compran comida rápida en cada Drive Thru que se encuentran. La vida sigue siendo rápida, el sálvese quien pueda sigue presente. Compran su pan con mostaza por una ventanilla y se van, esto está desierto. La persona que narra hace fotos para dejar constancia del desierto, de las palomas, del hombre con su carrito de compras lleno de provisiones echadas a perder. Todas las cosas se echan a perder, más tarde o más temprano. Menos los sentimientos, esos nacen ya perdidos, esos forman parte de una zona perdida del pensamiento. Calle 8, Pequeña Habana, Little Havana, como tú quieras decirlo. BUGANVILIA. McDonald’s esquina 14. AHEAD, AHEAD, AHEAD, dale continúa. La persona que narra no puede continuar. Hay camaleones deslizándose entre los libros que la persona que narra trae en su bolso. Camaleones que se sienten atraídos por los libros y ventanas diminutas por donde sale una mano, a veces dos manos, con comida. Del otro lado: La esquina de la fama. Mojitos, café, cuban buffet, tenedores desechables. ¿Dónde está el Tower (cine) de Miami? A la persona que narra le queda un cine, vacío, lleno de butacas, proyectando una película que nadie ve. Es una película para camaleones. La película de Miami que no puede verse por una ventanita de FAST FOOD. Pero además de camaleones hay palomas. ¿A ti qué te salva, una paloma o un camaleón? ¿A ti qué te define? McDonald’s de Little Havana, nosotros estamos abiertos, ahora sí. La persona que narra no nació aquí, no sabe pronunciar, se equivoca, titubea, ¡pero no corrige! ¡No se autocorrige! Ya se autocorrigió en la infancia, todos los días, frente a un destacamento de maestros socialistas. Hoy aprenderemos a: autocorregirnos. La persona que narra no corrige. El parqueo del McDonald’s está ciertamente vacío. Como algunos poemas de la Generación Beat. El parqueo del McDonald’s  es un reflejo de su tiempo (emoji contento). Poquitísimos automóviles entran y salen. Sus conductores compran y se van. La persona que narra ha dejado el bolso lleno de libros en la acera. La persona que narra estaba sentada en la acera, haciendo un reporte exhaustivo del paisaje de Miami que tiene delante. Tierra baldía por coronavirus. Los camaleones empezaron a acercarse y la persona que narra retrocedió. Ahora los camaleones están sobre los libros y la imagen, como fotografía viva, es hermosa, grotesca, pero la persona que narra no puede enfrentar esa imagen ni siquiera a través de una Nikon digital. Metáfora de un espacio, moraleja: nunca te separes de tus libros porque los camaleones vendrán y leerán. Camaleón metafísico que se giña de zozobras y dudas. El decomiso, se llama la obra. Un hombre joven, robusto, alto, se acerca a la persona que narra pero no trae máscara de contención. La persona que narra se alegra de verlo, en su interior. Los camaleones se retiraron. Los camaleones y las personas parece que no se llevan bien. La persona que narra debería recoger sus libros ahora pero no los recoge. A-pro-ve-cha. Aprovecha y recoge los libros del suelo, de la acera, de la calle, de donde sea que los dejaste tirados. El hombre atraviesa los libros hasta rozar con sus trenzas a la persona que narra, se agacha y le toca un pie: I need some books in English. Sorry, my books are in Spanish. ¿McDonald’s es un nombre propio? Sí, pero no de persona. ¿McDonald’s es un nombre propio de camaleón? No, McDonald’s no es un nombre propio de camaleón.

McDonalds en Miami / Foto: Cortesía de la autora

McDonalds en Miami / Foto: Cortesía de la autora

Cuatro meses antes (19 de diciembre de 2019) el reporte se produce en el metro de Miami, desde una Estación llamada Dadeland South Station y hasta otra llamada Palmetto Station. El tren está en movimiento. Los asientos son azules. La persona que narra viene acompañada de un libro muy especial llamado El alfabeto, escrito por Inger Christensen, la poeta, novelista y ensayista danesa, que murió en el 2009 a la edad de 73 años. La persona que narra está situada en el primer vagón del tren, por eso puede ver al maquinista, que ha entrado con una gorra y una mochila, y se ha quitado la mochila y la ha colgado de un clavo, en el primer vagón del tren. Locomotora omitida. Los asientos son azules. Además de la persona que habla hay tres pasajeros más. El tren es bueno para desplazarse. Lo hace en línea recta. Ya se detuvo una vez, en Dadeland North Station. Desde el interior se pueden ver los árboles, los edificios, las construcciones de un Miami con aviso de tormenta. Está hermosamente nublado. El tren viaja en línea recta. Se ven palmas, palmeras, palmitas a lo lejos. Las ventanas de los edificios, cristalizadas, son azules, como los asientos de la línea verde. El metro de Miami tiene dos líneas, una verde y una naranja. La persona que narra viaja en la línea verde, una que se detiene en todas las estaciones. Las estaciones son 23. La línea naranja es más específica. Asume menos paradas. El trayecto en el metro de Miami puede ser nemotécnico, monótono y monotemático. Por eso la persona que narra viaja acompañada de El alfabeto. Un libro muy especial que leyó por primera vez en el 2016, cuando Soleida Ríos vino a Miami y no conoció el metro ni su línea naranja ni su línea verde. Soleida Ríos traía El alfabeto, traía el Tarot y traía un olor a edificio en ruinas, a torre alta, a campana vegetal. Soleida Ríos, la escritora santiaguera que nació no se sabe cuándo, sus libros tienen fechas diferentes en las descripciones íntimas de su nacimiento. El maquinista del metro mira hacia delante. La persona que narra mira hacia delante. Desde el maquinista hasta la persona que narra hay un espacio consciente de dos metros. El maquinista y la persona que narra van en el primer vagón. El metro alcanza cierta velocidad, disminuye, acelera. Es un metro, diríase, indeciso. La indecisión, los árboles, el cielo, los asientos azules de la línea verde existen. La persona que narra cruza las piernas. Los edificios, los árboles, los demás pasajeros existen. Los albaricoqueros existen en países donde el calor producirá precisamente el color de la carne que tienen los albaricoques. El metro de Miami acaba de detenerse en una estación llamada Douglas Road Station. La persona que narra, cuando llegó a Miami en el año 2015, se desplazaba a través de medios de transporte públicos, como un metro, un autobús o un camioncito. Esta es la línea verde del metro de Miami y se detiene en todas las estaciones. La persona que narra lo hizo adrede, para garantizar un paisaje continuo, completo, cardinal, cyproheptadine!!! La persona que narra no habla inglés, solo español. Es bonito ver las cosas desde el metro. Hay árboles, cielo azul, edificios. Los asientos del metro son azules. La persona que narra cruza las piernas, a veces las descruza y las balancea. El maquinista, por el contrario, se para se sienta se para, llegan a la próxima estación. Una llamada Coconut Grove Station. Las puertas se abren y se cierran, se abren y se cierran. Son puertas, diríase, indecisas. Viscaya Station quedó atrás. La persona que narra ve edificios a lo lejos y se asombra como mismo se asombra del amor. Eso quiere decir que el metro, animal mitológico, se está acercando al centro, al Down Town de Miami, y los árboles lo saben, los árboles se apartan. Hay árboles, muchísimos árboles, antes de llegar ahí. El metro de Miami continúa desplazándose. No hay personas, pasajeros, en este vagón, casi. Tres pasajeros o cuatro, el maquinista y la persona que narra. Puentes. El metro de Miami pasa por debajo de un puente. Los edificios se acercan, ilusión óptica constante. El metro se acerca. No parece que vaya a pasar nada malo, en el futuro.

No te preocupes por eso.