Lo sabe Raúl Castro, y también, perfectamente, Barack Obama. Lo saben Hillary Clinton y Donald Trump. Lo sabe Marino Murillo, cómo podría no saberlo el hombre que lleva las cuentas de Cuba. Lo saben Vladimir Putin, los mandarines de Beijing, el Presidente de Francia, el Primer Ministro de Italia y, ni siquiera tuvo que decírselo Dios, el Papa. Lo saben el Pentágono, el General Cintra Frías y los jefes de las tropas cubanas y norteamericanas estacionadas a ambos lados de la frontera en Guantánamo, quizás la más pacífica de las Américas. Lo saben Marco Rubio y Ted Cruz, aunque, por razones muy comprensibles, no quieran darse por enterados. Lo saben Berta Soler, Antonio Rodiles y José Daniel Ferrer, y, quizás, quién se sorprendería, los rufianes que aún participan en actos de repudio y gritan histéricas tonterías, treinta y seis revolucionarios años después del Mariel.

Lo sabe, al borde de la muerte, Guillermo Fariñas, y casi lo sabe, aunque se resiste furiosamente a saberlo, Silvio Rodríguez. Lo saben Beyoncé, Madonna, las Kardashian, el elenco de Fast and Furious 8, y los empleados de los hoteles y restaurantes de La Habana que los han atendido. Lo saben, y por eso han puesto pies en polvorosa, los infelices que han tratado de llegar a Estados Unidos caminando desde las selvas de Colombia. Lo saben, mejor que nadie, y no les importa demasiado, les da lo mismo chicha que limoná, esos millones de cubanos rotos y grises que no podrían ya siquiera decir en qué año estamos. Lo saben incluso muchos periodistas de Granma, Juventud Rebelde y el Noticiero, que, hay pruebas abundantes de ello, no son bobos. Esto: en Cuba, Estados Unidos ganó.

Ha sido una victoria fea y caótica, sin gloria, pero no por eso menos categórica y definitiva. Es difícil ver cómo podría ser revertida, cómo podría Cuba, si ese es aún el deseo de sus gobernantes, volver a ser una amenaza o al menos un tenaz inconveniente para los intereses y propósitos de Estados Unidos en América Latina o en cualquier otra parte del mundo, cómo podría hacer que los americanos la vean de nuevo como un rival, si no por su poder, por su habilidad para crear imitadores, y no como una curiosidad, una reliquia de tiempos de Eisenhower. Cuba perdió porque se volvió insignificante, mucho más pequeña, en riqueza, influencia y reputación, de lo que alguna vez fue, y aún más de lo que hubiera podido ser. Tan insignificante, que el Presidente de Estados Unidos fue a La Habana a perorar sobre las ventajas de la democracia y el libre mercado, y ya nadie se acuerda de que lo hizo.

Obama no entró en La Habana como Alejandro en Babilonia, coronado con laurel, en una carroza tirada por elefantes, o como César en Roma de regreso de Egipto, seguido por una interminable columna de esclavos y prisioneros. Pero la misma simplicidad con que Obama fue a La Habana, dijo lo que quiso decir, y siguió su camino hacia otro país más importante, indica qué poca cosa es Cuba hoy a los ojos del Presidente de los Estados Unidos, no un enemigo, sino un paisito cómicamente gobernado por un hombre que era ya ministro de defensa antes de que Obama naciera. En estricto sentido político, para el Departamento de Estado Cuba no es muy distinta de las satrapías post-soviéticas de Asia Central, gobernadas todavía por hombres que ocuparon altas posiciones en el Partido Comunista de la URSS treinta y más años atrás, y cuyo único valor estratégico es su ubicación entre Rusia, China, India y el pandemónium del Medio Oriente, como el de Cuba es su cercanía a la Florida. A pesar de que los líderes cubanos continúan, al menos retóricamente, en guerra contra el imperialismo yanqui, el imperialismo yanqui, por su parte, ha dado la guerra por concluida, y se ha declarado vencedor.

Ni siquiera Donald Trump pretende continuar una guerra que él también piensa que los Estados Unidos ya han ganado. Trump ha dicho que no romperá las relaciones diplomáticas con Raúl Castro. Gane él o gane Hillary Clinton las elecciones en noviembre, la Embajada norteamericana en La Habana seguirá siendo embajada y no volverá a ser una mera oficina. Nadie importante en Washington, ni siquiera los extremistas del Partido Republicano, cree seriamente que se pueda volver atrás. La plataforma Republicana para las elecciones de noviembre, aprobada en la convención de Cleveland en julio, calificó de vergonzoso lo que ha hecho Obama con Cuba, abandonar a su suerte a los enemigos internos de Raúl Castro, y pidió al Congreso que mantenga y aplique en toda su vigorosa estupidez las leyes Helms-Burton y Torricelli.  Lo que no hizo la Convención Republicana, muy notablemente, fue pedirle al Presidente Trump, si esa grotesca calamidad ocurriera, que haga retroceder las relaciones entre Estados Unidos y Cuba al 16 de diciembre de 2014, que ordene a sus marines arriar la bandera norteamericana del Malecón de La Habana, y que le diga a Raúl Castro que todas las disposiciones de Obama para hacer vagamente normales las relaciones entre los dos países quedan instantáneamente canceladas. Si Clinton se convierte en presidente en enero del año que viene, y los Demócratas ganan control del Senado, e incluso si no, no solo seguirá abierta la Embajada de Estados Unidos en Cuba, sino que hasta habrá Embajador.

El gobierno cubano ha querido que su pueblo crea que Estados Unidos no ganó, sino perdió, vergonzosamente, que la decisión de Obama de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba y liberar a Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino fue un gesto de debilidad, el reconocimiento de que el país más poderoso del mundo no había podido poner de rodillas a una isla seis veces más pequeña que Texas, y que ya no podría hacerlo. Algunos periodistas cubanos, de los que no son bobos pero se hacen, llegaron a reclamar que Obama pidiera perdón por los crímenes, abundantísimos, feroces, que su país cometió para derrocar a Fidel Castro. A Obama, por supuesto, no le pasó por la cabeza pedir perdón en La Habana, como no lo pidió en Hiroshima, donde ese gesto pueril hubiera quizás tenido algún sentido. Lo que Obama y sus asesores concluyeron no fue que el gobierno cubano no podía ser derrotado, sino que no hacía falta hacerlo, que hacer caer a Raúl Castro daba más trabajo que beneficio, que no había en Cuba a estas alturas mucho que recuperar de lo que Estados Unidos perdió en 1959, y que los cubanos, muy contundentemente, habiendo arruinado su propio país, ya se habían derrotado a sí mismos.

Que Raúl Castro siga en el poder, que su hermano siga escribiendo jeroglíficos en Granma, que Marino Murillo aún pretenda que puede arreglar la economía cubana, que los actos de repudio continúen con el mismo hipócrita fervor de 1980, y que no vayan a tener los cubanos elecciones libres ni este año ni el que viene, ni en los cinco o diez siguientes, no son indicios de que Estados Unidos haya sido derrotado y la visita de Obama fuera una humillante claudicación. Estados Unidos no derrotó a Fidel y Raúl Castro y su clan, ni el Pentágono ni la CIA ni el Departamento de Estado lograron siquiera, a pesar de haberlo intentado continuamente durante seis décadas, hacerlos tambalear. Fidel y Raúl morirán en paz, en Cuba, habiendo ganado su pelea personal contra Estados Unidos, y dejando a su país devastado. Lo que Estados Unidos derrotó en Cuba, con la generosa contribución de Fidel, Raúl y sus adláteres, fue la posibilidad, que la revolución de 1959 creó, y muy pronto fue destruida, de una nación que fuera, todo a la vez, qué enormidad, independiente, democrática, igualitaria y próspera.  O al menos eso fue lo que los cubanos alguna vez creyeron que podrían llegar a ser, y ya casi ninguno de ellos cree.

No fue Raúl Castro el que fue a Washington a ufanarse de la prosperidad cubana y la efectividad del socialismo tiránicamente planificado. No son los norteamericanos los que llegan nadando a Cuba a pedir refugio. No son los turistas cubanos los que han desembarcado en Nueva York, Beverly Hills y Disney World.  No son las empresas cubanas las que planean invertir en los hoteles de la Florida o los campos de trigo de Kansas. No fluye el dinero de La Habana a Miami. Es, para mal de Cuba, al revés. Los cubanos pueden consolarse recordando las pequeñas o grandes victorias que en el pasado consiguieron sobre Estados Unidos, de Girón al jonrón de Gourriel en el 88, y entonar la cantilena de la salud y la educación, pero esos recuerdos, y el estado en que están las escuelas y los hospitales, pueden hacer aún más amarga la presente, catastrófica derrota. Lo mejor que podrían hacer los cubanos sería tratar de imaginar cómo hubiera sido Cuba si hubiera ganado, qué tipo de país podrían haber tenido, qué tendrían que haber conseguido, qué construido, qué asegurado, no para vencer a Estados Unidos, no por venganza contra Estados Unidos, no para darle en la cabeza al presidente de Estados Unidos, qué importa Estados Unidos, sino por su propio beneficio, y el del mundo. Qué tipo de país habría merecido el vasto sacrificio humano de todos estos años. No este.

40 Comentarios

    • Wao para mi , no sé qué decir he leído este artículo más de una vez y la verdad mi cabeza no para de pensar. No dejen de hacer lo que hacen muchachos. Mis respetos Juan Orlando

  1. Algunos dirán que en estos tiempos Cuba ha influido en la realización del sueño de los pueblos hermanos del ALBA. Yo lo veo, sobre todo, en como esos mismos pueblos hermanos le tiraron las fuerzas antimotines para arriba a los hombres, mujeres y niños en la frontera de Nicaragua, por solo nombrar un ejemplo, probablemente con la venia de nuestro gobierno. Na, que tampoco veo esa victoria por ningún lado, si es que eso importa a esta altura del inning. Saludos

  2. Cuando piensas que ya todo se ha dicho sobre Cuba, viene Juan Orlando y te deja sin aire, y de paso te recuerda que el muro del Malecón y el muro del cementerio de Colón no son tan diferentes

  3. Desde el comienzo de la apertura/engagement percibi a Cuba, Raul Castro como un mendigo. Lo vi como perdedor al igual que el articulista ( magnifico, astuto y contundente), y no como ganador. Nadie hizo caso a mis percepciones o hipotesis. No por gusto Cuba y los cubanos desde siempre hemos padecido de delirio de grandeza mal fundada. Este factor mas la soberbia, arrogancia y envidia hizo creer a Fidel Castro que era Alejandro el magno. Su fallido experimento solo consiguio corroborar la insignificancia de una islita en medio del mar.

    • Yo no veo la» insignificancia» de tal isla cual hablas a menos que hables desde un punto de vista cientifico, cuantificable, estadisticamente significante. Pero ya eso es mirar los hechos con gringolas sobre los ojos. Menos aun veo que fue un acto fallido ya que los anos pasados comprueban lo contrario. Perfecto? Nada lo es.

  4. Excelente, desde que RC, casi con lagrimas en los ojos decia publicamente que ‘estaba dispuesto» a dialogar con el gobierno de USA ya estaba dando a conocer su derrota. Nunca dude al respecto.

  5. Es algo sabido, pero esta bien que se diga dado lo cínicos que fueron, a izquierda y derecha, unos cuantos durante la visita de Obama. Y Cuba perdió la poca importancia que le quedaba el 11 de sept de 2001. Fue tan evidente que fue casi una sensación física. En EE.UU. reorientaron sus prioridades en ese momento y finalmente terminaron de aceptar que esta es una islita insignificante que había perdido toda su importancia.

    Ahora, una pregunta, brother, porque no entiendo. ¿Qué es eso de que la pura se gastó casi todo el salario en un ejemplar de El corsario negro? Por la edad que tú tienes (basado en lo que dices de la beca de F y 3era), creciste en los 80, cuando un ejemplar de ese libro costaba menos de un peso. O la pura pinchaba en algo que le pagaban mensual 1.50, o tenía una máquina del tiempo y fue a comprarlo a 2010 o tú tenías el único ejemplar de ese libro autografiado por Emilio Salgari que había en Cuba. Si no es así, afloja, viejo, afloja.

  6. Me gusta el estilo y el contenido del artículo. Pero cuidado, los Castro han perdió al poder mostrar solo un país en ruimas del que todo el mundo aquiere hir o resignarse a llevar una vida miserable hasta el fin de sus días, un país donde lo peor del ser humano sale a flote cada vez con mayor intensidad, también es un país en elq ue un régimen continúa su particular guerra contra todo lo que huela a democracia y libertad no solo internamente sino allende sus fronteras. La desaprci´n física de los fundadores del adinastia de Birán no me garantiza que ese tipo de actitudes vayan a cambiar, más bien puede que se camuflen bajo la fachada de negocios, y placeres del jet et cubano que surgirá irrremediablmemente. Díganme paranoico, ero a la mafia no se la reeduca, sela extirpa.

  7. Para mi criterio el govierno cubano perdió desde el año 80,desde entoce millones de cubano nos dimos cuenta que necesitábamos la libertad.Me encanto tu punto de vista .

  8. para cuba ganar significa resistir, para eeuu ganar significa controlar, invadir.
    cuba resistió? sí, eeuu invadió? no, y creo que no les gustaria otra vez que otros lleguen primero.
    por qué cuba tiene que resistir? por qué no se entrega asi, tal como es, verde o madura, a los eeuu?
    seguramente estuviese mejor, y creo que eso, en el fondo, es lo que quisiera mucha gente. pero las cosas no siempre funcionan asi,
    en su momento, no funcionó con españa, y luego tampoco con eeuu. ahora eso sí yo no sé por qué. ¿por qué será?

  9. ¿No es acaso una victoria ya poder elegir con quién hacer negocios y con quién no? Pocos países son soberanos en este sentido. Los tratados de libre comercio se negocian a puerta cerrada, sea en Perú o en Alemania, ambos países insignificantes a nivel global hoy, el primero porque no volvió a tener las pretensiones de modernizadoras fascistas e anti-imperialistas de principios de los años 1970 o de oposición al FMI de los 1980s y el segundo porque tras moverse la frontera con lo que queda de las pretensiones de Rusia dejó de ser aquel baluarte capitalista y modelo de la sociedad de consumo. Que las negociaciones entre Cuba y EE.UU. se hayan dado a puerta cerrada posee precisamente aquel mal sabor propio de los tratados de libre comercio, impuestos por empresas que se empeñan en ocultar los mecanismos para desarticular entidades que controlan estándares. Lograr rechazar los términos de tratados tales hoy en día ya es una victoria. Que Cuba no proporcione un modelo de transformación ya se sabía a finales de los 1980s.

  10. Yo estuve en Cuba hace poco, muy poco, y estuve mucho tiempo, tres meses… Vi las cosas malas y las buenas. Ya no se trata de decir quién ganó o quién perdió, como dice el refrán hindú: «Cuando los elefantes pelean, la que sufre es la hierba». La maquinaria capitalista aun no ha podido apoderarse de Cuba, los cubanos ni siquiera están preparados para asumir dignamente esa maquinaria, lo que sí se apoderó de Cuba es la maquinaria cultural de Estados Unidos, quizás lo peor.
    Lo que más pena me da es ver cómo tropezamos con la misma piedra, cómo volvimos a sujetarnos de una teta y no fuimos capaces de construir un desarrollo para nosotros, con nuestras propias fuerzas, como hicieron los japoneses después de Hiroshima y como hicieron los chinos.
    Ese artículo retórico, lleno de frases que ciertos oídos querían oír o ciertos ojos leer, no es la gran cosa, aunque dice algunas verdades… desde el resentimiento.
    Tal vez el capitalismo llegue a Cuba (no será aquel capitalismo «romántico» de antes de 1959, ese ya ha evolucionado, si no, miren hacia Argentina), tal vez llegue de la mano de Estados Unidos, o de la mano de Rusia, pero les digo a los cubanos que tanto claman por ese «cambio», que se preparen y aprieten el cinto, porque la mayoría va a tener la misma o peor pobreza de la que se quejan. Y van a seguir emigrando… tal vez ese sea nuestro destino.

  11. No veo donde están los argumentos de que los yanquis hallan ganado. Es difícil ver a un ganador en un proceso que a penas comienza. En un pulso que no deja ver vencedores. Parece que se olvida que los Estados Unidos solo negocia con superpotencias. Hecharle la culpa a Fidel y a Raúl no es objetivo y es más de lo mismo que siempre se ha dicho. Es lógico que esta retórica tome fuerza después del fortalecimiento de la derecha en América Latina.

    • Yo quisiera que me dijeras quién es el rsponsable de todo lo que ha pasado y lo que está pasando e Cub en los últimos casi 60 años si no son esos dos señores. Porque allí nadieha podido decidir nada salvo ellos. Cuando escucho esas frases «Cuba ha decidido», «Cuba no se ha rendido» me da risa. Cuba, es decir, el pueblo cubno, nunca ha decidido nada. A nadie se le pregunto si estaba bien mandar tropas a Angola o reduir la cuota de arrz. A nadie se le ha permitido crear su propia riqueza a base de suinventia y su esfuerzo. Todo ha sido controlado y dosificado por ellos y así pretenden seguir haciéndolo en el futuro. Ladesesperanza del cubano está en ver como emigra. Un país que fue receptor de inmigrantes. Los últimos Winston smith moriremos un día y ya nadie se acordará de c+omo fue Cuba una vez, un país en que la paridad de la moneda nacional con el dólar era real, no ficticia, determinada por decreto. Baste solo eso para que seden cuenta lo que perdimos.

  12. Desde hacía tiempo no veía usar tanta retórica para plantear tan insustanciado argumento. Algo q a los cubanos siempre les ha fascinado. Sentimos, al parecer, una debilidad especial por la bobería altisonante.

  13. Qué hombre más gris en el que se ha convertido Juan Orlando, cuánta ira que es suya y arrastra consigo a muchos otros. Esa Cuba que perdió, que es insignificante no es mi Cuba. La suya, sí, es la Cuba que le queda, que cada vez es menos. Tan gris como el cielo que seguramente ve por las ventanas de su habitación.

  14. No me parece. Un armisticio no es una rendición. No cometan el error de los extremistas marxistas, que confundían su imaginación con el futuro y la historia. Revisen la evidencia, los acontecimientos y los hechos. En Cuba gobierna el Partido Comjnista, presidido por más o menos la misma generación que estuvo en guerra fría con Estados Unidos durante cinco décadas.

    El objetivo de la política general desde 1961 era presionar a Cuba en una dirección, a través de sanciones e incentivos. ¿Ha ido Cuba en esa dirección? Revisen sus premisas, incluso bajo el efecto de sus convicciones ideológicas y tendrán la respuesta. Tal vez su respuesta sea igual a la de Juan Orlando Pérez.

    P.D. Marco Rubio está muy convencido de que Estados Unidos perdió y está perdiendo en la normalización. A diferencia del autor de este texto, quien escribe ha podido conversar con jefes de despacho de senadores estadounidenses. Pero como para Juan Orlando Pérez, la evidencia es menos importante que la imaginación, pueden creer lo que sientan.

    • De lo quwe se habla es de lo que gano CUBA no sus dirigentes. Los Castro ganaron indudablemente, están ahi en el poder y morirán en el, ellos y su familia con dinero como para irse de vacaiones al Mediterraneoen yate. CUBA… CUBA perdió. Es un país arrasado, dependiente de la ayuda solidaria (limosnas ) de otros, con una población envejeciente y una juventud que emigra , con una economía que no sale del hueco hace 2O años y con poca y cada ve menos relevancia en la paleestra internacional. Ha quedado como destino para sexo- turistas y curiosos como un Parque Jurásico socioeconómico, con un población cada vez mas alienada de sus raíces, plagada de doble moral y viviendo «resolviendo» en un salves equien pueda. CUBA fue derrotada, despues de mas de medio siglo de increíbles sacrificios.

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