«Prefiero siempre que el escenario de un poema y la entidad a quien dirijo mis palabras queden sumidos en la mayor ambigüedad posible. Me siento mejor cuando la expresión fluctúa entre dudas esenciales, permanentes, y proposiciones transitorias, tácitas o explícitas, destinadas a un oído que me escuchó alguna vez y que, supongo, podría escucharme aún».
En Cuba se puede inaugurar un estudio-galería, un bar, una cafetería, un gimnasio, una clínica de celular, un acuario, una trasquiladora, una desmochadora de palmas, una carbonera, un establo…, pero no una editorial.