“Lo más doloroso es todo eso, tener que alejarme de mi familia por temor a las represalias que puedan tomar contra ellos. Discutir con mis hermanos y mi madre al punto de no hablarnos, porque yo no soy ni puedo ser nadie para intentar cambiar este sistema".
A pesar de que hoy considero a Oregon mi hogar, mi corazón y mi cuerpo se formaron en Cuba. Por lo tanto, yo no pierdo la oportunidad de decir que soy cubana. Siempre he creído que somos hijos del país donde nacimos.
“Este es el mejor béisbol del mundo y hay un cubano por cada lado, estamos orgullosos de verlos ahí”, dice Yandry, uno de los hijos de Rodolfo, mientras acomoda encima de una mesa de madera el televisor LCD de su casa.
El racismo de Gurriel es el mío, y el de nosotros, y llegado cierto punto uno debiera, ciertamente, aplicar un ejercicio de conciencia sobre todas esas cosas que has dicho o has hecho pensando que eran correctas, creyendo que no segregaban o disminuían a nadie, y de qué manera específica lo hacen, en qué país y en qué escenario.
En agosto de 2005, el abogado Ron Weil denunció públicamente a la Diócesis de Miami por abusos sexuales y psicológicos cometidos contra su cliente durante los años que este pasara bajo el amparo del Programa para Niños Refugiados Cubanos sin Acompañantes.
En un mundo cada vez más individualista, todos son bienvenidos en los conciertos del Indio. Una Argentina que lo dice en su propia Constitución, aunque ahora parezca que nos estamos olvidando de eso: “para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”».
Por eso, las obras reunidas en ‘La prisión invisible’ —también las que no pudieron llegar físicamente a la sala, pero que existen— son, ante todo, una afirmación identitaria de esas vidas. Una manera de decir: seguimos aquí, seguimos siendo.