En toda nuestra historia de experimentación socialista nunca ha habido nada peor que el Período Especial. Ningún enemigo ha sido más terrible que el hambre, que la miseria, y ninguna guerra ha sido más dura de pelear que la guerra diaria por la sobrevivencia.
La pobreza compartida por casi 11 millones de gentes revivió la prostitución que la Revolución había erradicado, espoleó el tráfico de personas y estimuló el pandillerismo. Las violencias asociadas a esas formas delictivas de «supervivencia» excedieron incluso la violencia estatal, repartida salomónicamente entre opositores y marginados sistémicos desde los 60.
En 1994 llegaron los termos de cerveza a granel a Santiago de Cuba, y apenas cinco años después aparecieron los negociantes callejeros fabricando cerveza de botella.
Durante la segunda mitad de los años ochenta y principios de los noventa el sistema de auto-construcción conocido como
«Microbrigadas» recibió el impulso de una generación...
Las masivas protestas del 11 de julio de 2021 demostraron que el miedo podía romperse. Las que hoy recorren Cuba demuestran que esa lección sobrevivió a la represión.