El trayecto del béisbol durante el periodo de la revolución demuestra que los peloteros cubanos siempre han competido bajo presión, mucho más en el auge de la Guerra Fría y el odio hacia Estados Unidos sostenido por Fidel Castro en sus intervenciones públicas.
El 18 de diciembre publiqué un reporte sobre el inminente pacto entre Major League Baseball (MLB) y la Federación Cubana de Béisbol (FCB). Menos de 24 horas más tarde se confirmó la existencia de un acuerdo que hoy, luego de tres meses, está congelado.
El acuerdo representa el cierre anhelado por ambas partes a la desbandada de atletas cubanos (que supera los 400 desde 2013). A algunos nos deja insatisfechos en tanto el affaire Cuba debió y pudo reinventarse todavía más radicalmente desde hace mucho tiempo.
De todos los errores que pueden producirse en un juego de béisbol, el passed ball –a saber, el pasbol– siempre me incomodó particularmente. Existe un trío de razones para esta especial fobia. La primera tiene que ver con el protagonista de la pifia, el receptor, columna fundamental en las fortalezas defensivas, estratégicas y psicológicas del equipo.