Es difícil encontrar tres razones convincentes para negar el pronóstico, fácil de hacer, de que la crisis cubana no se resolverá sin violencia política, y en medio de una nueva, rotunda contracción económica, si no un total colapso. Lo contrario, una transición pacífica, justa, equilibrada, respetuosa, democrática, podría todavía ocurrir, pero quién se atrevería a predecir que los cubanos se van a volver checos o que entre ellos aparecerá un Mandela.
Florida, epicentro y cuartel general de MAGA (Mar-a-Lago), resistió a duras penas el embate de la ofensiva demócrata, aunque a un costo todavía por determinar.