Los vecinos frecuentemente pasan a dejarle pedazos de madera que se encuentran para que haga sus guitarras. Por lo general trabaja con teca, nogal, cedro, majagua, caoba antillana, pino abeto y palisandro.
No hay un personaje del imaginario afrocubano que no haya encarnado hasta el límite. Fue el velador delicado, el calesero fiel, el sujeto zalamero y barrial, un poco chismoso y preguntón, el rumbero molesto y vengativo. “Cuando la canción que yo canto me gusta más en otra voz, la saco de mi repertorio”, dijo.