Por las calles, esquinas, campos, cuerpos de agua dulce y salada, patios y playas del Caribe colombiano me encontré a los niños entregados a la diversión; fue inevitable prestar atención a sus travesuras.
Todavía abrazan los juegos tradicionales: la cometa, el trompo, el escondite, la rayuela, la bicicleta, el fútbol. Y, entre sombreros, polleras y bailes, la cotidianidad se deleita y el desarraigo pierde su brío. Son un poema en movimiento, un río sensible; son los latidos del paisaje. Saben comunicarse con la lluvia.
Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.
Si parpadeaba podía perder estas escenas… Los niños de mi Caribe danzan, corren, nadan y saltan. Esa inquietud es luz.
Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.
Llegué a pedirle una señal, a preguntarle a mi admirada Helen Levitt: ¿cómo le hacía?
Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.
Siempre fue hermoso porque al obturar regresaba a mi niñez, vivida también en un pueblo caribe.
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Fueron siete años observando sus vidas. ¿Acaso intentaba justo eso: volver a la infancia, perderme otra vez en sus ajetreos y recovecos?
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Seguramente hay escenas que me han faltado; no lo conté todo. Debo confesar que me costó cerrar este proyecto, pero estoy aprendiendo… Hoy lo he dejado ir.
Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.Linda Esperanza Aragón. Sin parpadear.
El enemigo de mi enemigo rara vez es mi aliado; sobre todo, en política. Un escenario transicional que no garantice la soberanía y, en cambio, priorice intereses trasnochados como el anexionismo o el servilismo a las políticas de gobiernos extranjeros, significaría dar marcha atrás al calendario cientos de años y repetir nefastos procesos.
Esta última crisis a veces se fecha desde diciembre, cuando la Marina estadounidense cercó Venezuela, luego capturó a Nicolás Maduro y anunció sanciones contra cualquier país que suministrara combustible a Cuba. Históricamente, la isla ha dependido del combustible extranjero a precios asequibles para sobrevivir. Esta última medida fue, sin dudas, la gota que vino a colmar un vaso que llevaba rebosando demasiado tiempo. Pero la historia no empezó con el regreso al poder de Donald Trump.
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Comunicadora social-Periodista, fotógrafa documental y especialista en Gerencia de la Comunicación para el Desarrollo Social, con residencia en el Caribe colombiano. Desde la escritura y la fotografía cuenta historias sobre la vida cotidiana y la cultura popular de los lugares que visita. Ha expuesto en varios países de Latinoamérica y publicado en Gatopardo, Hayo Magazine, El Espectador, El Tiempo, Semana Rural, Cartel Urbano, entre otros. Ganadora del segundo lugar en la categoría Turismo del Xilópalo, Premio Nacional de Periodismo Digital (2023), con la crónica «Palenque late en los cinco sentidos», publicada en El Estornudo.
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