La causa de la independencia fue cínicamente corrompida por el rampante oportunismo de quienes la esgrimieron, y aún lo hacen, repetidamente, para justificar su permanencia en el poder y la falta de libertades públicas. La independencia se convirtió en el discurso político cubano en un fin en sí misma, en una cuestión de orgullo nacional, un principio existencial, una obsesión, y no, como obviamente debería ser, un instrumento, la condición inicial que les permitiría a los cubanos, sin interferencia o imposiciones de otro país, conseguir una vida mejor.
Lo que parece claro en Venezuela es que la gente no es tonta, que no se puede hacer política sin pensar en lo que la gente quiere. Quiero pensar que hay que tener paciencia. Si esta fuera una serie de televisión, es como si hora estuviera comenzando una nueva temporada.