Chano era un epicentro magnético, caprichoso. Le bastaba dibujar una sonrisa con su boca enorme y sonar las palmas para que todos se volvieran hacia él.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.