Desde enero de 2018 se han documentado 183 agresiones a periodistas que trabajan en el país, según organizaciones nacionales e internacionales; y en los últimos meses ha ocurrido un aumento ostensible en los ataques.
En este panorama chapucero es muy fácil suponer que mienten olímpicamente cuando dicen que al Decreto 349 solo le preocupa la chabacanería y el intrusismo. No hay por qué creerles. Y no es difícil suponer que las personas talentosas que lo defienden pecan de ingenuidad, cinismo o cobardía.
Hay desde antes muchos otros sitios de prensa bloqueados en la isla, como 14ymedio, Diario de Cuba, CiberCuba o Café Fuerte. Pero no podemos incorporar la censura. A pesar de que ese es ya el estado natural de las cosas, debemos seguir recordando que la censura es arbitraria y forzosa, la privación del derecho básico de hablar y existir.