En la medida en que su lucha se magnificó y se convirtió en la de decenas de artistas, periodistas, activistas, ciudadanos con sentido común, su lucha ya no le pertenece, sino que nos pertenece.
Si una persona hace algo que atente o que pudiese parecer que atente contra el status quo del régimen en Cuba, esta persona no solo está renunciando a su derecho de libertad sino además a su derecho de apelación.