Estimada Inés Casal, estimada madre cubana:
Le escribo tan sólo para agradecerle, con mayúsculas, esta carta tan justa, oportuna y necesaria. Una carta que bien...
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.