Desde el TransMilenio, y desde cualquier punto desde el que se mire Bogotá se nota una clase especial de silencio. Se toca cómo a veces se puede tocar el humo.
Si fuera tan grande como su nombre indica se llamaría simplemente Metro de Bogotá. Pero en esa ciudad de 8 millones de habitantes no hay metro, sino TM. Y se tiene la sensación de que el gran silencio que la recorre comienza en él, en ese gran nombre.