Supersticioso confeso, se persigna cuatro veces antes de comenzar cada partido y luego besa su anillo. Le confiere diferentes poderes a cada una de sus camisetas del Madrid. Una funciona para que marque Ramos, otro para los clásicos, otro para las finales.
Lo que parece claro en Venezuela es que la gente no es tonta, que no se puede hacer política sin pensar en lo que la gente quiere. Quiero pensar que hay que tener paciencia. Si esta fuera una serie de televisión, es como si hora estuviera comenzando una nueva temporada.