«El proyecto surge como necesidad frente a años de ausencia dentro de la juventud de alguna organización política enfocada en la construcción de un partido de oposición revolucionaria».
El día que Silvio Rodríguez recibió un fusil AKM en una ceremonia oficial, muchos se quedaron perplejos. La imagen recorrió el país y las redes con una velocidad que no tuvieron sus últimas canciones. No fue un acto militar ideológico cualquiera. Fue un gesto simbólico en un momento en que la represión, la escasez y el cansancio han convertido la vida cotidiana en un territorio áspero. Para muchos, la foto confirmó una distancia que llevaba años creciendo entre muchos de los artistas más influyentes de Cuba y el público que siempre los ha considerado refugio inequívoco.
¿Existe un camino pragmático para avanzar en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba sin sacrificar las demandas del pueblo cubano de «pan y libertad» ante la conveniencia de un «acuerdo» de Trump o la insistencia del régimen de La Habana en permanecer en el poder?
«Yo siempre en las protestas estoy atenta al grupo», dice. «Cuando veo cualquier indicio de violencia, paso adelante y trato de aplacar para no se genere nada que pueda perjudicar a mi gente».
Una crónica personal en la periferia de la Marcha de las Antorchas, el último ritual político masivo en Cuba, ya sumida en crisis extrema, antes del bloqueo energético de Trump.
En muchas partes, cuando la corriente regresa, el ruido se detiene de inmediato. La calle queda en silencio y cada vecino vuelve a su casa. Esa retirada rápida deja una imagen clara: la protesta directa es contra el apagón. Pero la repetición diaria muestra que el malestar ya no es un episodio aislado, sino una rutina que se instaló en la ciudad, y no existe una razón real para que las protestas se detengan…