A pesar de aquel desplazamiento vital, la escritura de Gastón Baquero siguió una ascensión circular que lega una de las miradas más abarcadoras al cruce de letras en el Atlántico del siglo XX.
Estoy absolutamente en contra de la originalidad. Me parece que es una idea completamente improductiva. Buscar ser original es una estupidez. Yo le digo a mis alumnos: “Agarren los poemas del otro y agreguen ustedes, roben, roben”.
No es un campeón del exilio. No es un reivindicado del quinquenio gris. No es un funcionario del sistema. No se volvió cínico, o ríspido, o sarcástico, o cauteloso, o violento, y menos aún se plegó. Por alguna inexplicable razón, le sigue importando menos su suerte personal que la muerte de su país.